Escalando cascadas de agua
Estos días he recibido la triste noticia que una de mis bandas favoritas ha decidido dejarlo después de 10 años. Quizás debería alegrarme por haber podido disfrutar de su música y sus discos durante tanto tiempo, también podría darles las gracias por acompañarme esas tristes noches de sábado sin nadie a mi lado o por hacer que las penas fuesen más llevaderas. Sin embargo, no me siento afligido ni conmovido en absoluto, tan solo me apetece decirles a ustedes cuanto me gustan Sodastream y cuanto talento se esconde detrás de Karl Smith, mitad de la banda junto a su inseparable Pete Cohen, aunque ésto probablemente ya lo sabrán. La trayectoria de este dúo australiano siempre ha tenido una acogida discreta por parte de los medios, desde que empezaran en 1997 en la ciudad de Perth hasta la publicación de su disco Reservations el año pasado. Mucho se ha comentado sobre su música, que si no está a la altura de este William, que si no es tan brillante como la del otro William, que si siempre han compuesto la misma canción y estupideces por el estilo. Pero estoy seguro que el tiempo pondrá a cada uno en su lugar y discos como Looks Like a Russian o The Hill For Company serán recordados como auténticas obras maestras del folk-pop de finales de siglo. Cuando aún no los conocía tuve la inmensa suerte de poder verlos en la gira de presentación de su disco The Hill For Company en una pequeña sala de mi ciudad, había leído sobre ellos en la prensa pero nunca me había molestado en escucharlos detenidamente, sabía que Elefant Records iba a licenciar su segundo disco (finalmente no lo hizo), que John Peel, Moby y Belle & Sebastian eran fans y poco más. Aquel concierto lo recuerdo como uno de los mejores a los que he asistido, un chico sentado tocando una guitarra acústica (Karl) y otro de pie acariciando un contrabajo (Pete), a escasos metros de mi asombro, se bastaban para cantarnos su saudade y sus penas de una manera tan elegante y delicada que hasta daba ganas de abrazarlos. Luego me enteré que les habían perdido su piano en el vuelo de Madrid a Barcelona (supongo que ya adivinarán quienes) y los pobres parecían realmente desolados. Sin embargo, a medida que transcurría el concierto y el público estaba cada vez más entusiasmado, sus caras fueron mostrando cierto asombro. Seguro que pensaban que la gente no acogería demasiado bien una propuesta tan melancólica una fría noche de sábado y no fue así. Nunca antes había sentido las ganas de comprarme una guitarra acústica y ponerme a componer tristes melodías pero para su suerte finalmente desistí, lo mío siempre ha sido el sujeto pasivo, el discreto y expectante observador. Y ahora que este viernes en la sala The East Brunswick Club de Melbourne ofrecerán su última actuación no siento más que frustración por saber que nunca más volveré a verlos en directo. Como consuelo tan solo me queda escuchar alguno de sus cinco discos y múltiples EPs y singles, convencido que mi querido y admirado Karl Smith volverá a deleitarme con su exquisita pesadumbre en forma de canción algún día.
Dije adiós a las penas
Y a las condenas
Y creí que por fin me dejaban;
Pero radiantes, radiantes,
Me aman como antes;
Y tan fielmente me amaban
Que quise engañarlas,
Quise abandonarlas,
Pero, ¡ah!, tan fielmente me amaban.
—————————–Thomas Hardy
Enamorado de alguien que ni siquiera sabe que existo
I walked ten thousand miles, ten thousand miles
to see you
And every gasp of breath, I grabbed it just to find you
I climbed up every hill to get to you
I wandered ancient lands to hold just you
And every single step of the way, I paid
Every single night and day I searched for you
Through sand storms and hazy dawns I reached for you
I stole ten thousand pounds,
ten thousand pounds to see you
I robbed convenience stores
coz I thought they´d make it easier
I lived off rats and toads and I starved for you
I fought off giant bears and I killed them too.
And every single step of the way, I paid
Every single night and day I searched for you
Through sand storms and hazy dawns I reached for you
I´m tired and I´m weak but I´m strong for you
I want to go home but my love gets me through
Ally Kerr – The Sore Feet Song
El amor te alcanzará al final
Empieza a amanecer y Gabriel vuelve a casa después de una noche para olvidar, tan solo un par de chicos y una chica le invitaron a una copa y ninguno de ellos resultó demasiado interesante. Además su estado es bastante lamentable, nada extraordinario si tenemos en cuenta que él no bebe para perder la timidez sino más bien para no tener que recordar ciertas cosas. Mientras realiza esfuerzos considerables para sostenerse de pie va cantando “Wonderful World” de Sam Cooke, no sabe muy bien donde se encuentra. De repente, un grupo de chicos, bastante atractivos piensa él, se le acerca y con una carencia de modales evidente le preguntan si ya ha comido suficiente por hoy. Él les agradece el querer entablar conversación y les pide que en todo caso le acompañen a casa, que quizás al día siguiente se lo agradecerá. Entonces un fuerte golpe le sacude el estómago, luego uno de los chicos lo coge del cuello y lo empuja contra la pared, un líquido denso empieza a brotar por su frente. Al caerse al suelo le empiezan a dar patadas en las costillas y cuando ven que la sangre fluye de su cabeza deciden abandonarlo, no sin despedirse con algunas palabras nada amables. No es la primera vez que le ocurre esto y sabe que sin duda tampoco será la última. Pero por fortuna siempre acude su ángel de la guarda y le salva la vida. Una chica lo ha visto de lejos y corre a socorrerle, él apenas puede tenerse de pie. Ella le acaricia el pelo mientras le seca la frente con un pañuelo de lino, Gabriel le pide que por favor lo lleve a su casa. Registrando su cartera encuentra el documento de identidad con la dirección, coge un taxi y le pide al conductor que los deje allí. Una vez dentro, lo ayuda a acostarse en la cama y luego va al cuarto de baño, coge una toalla y la humedece. Él intenta levantarse pero le duelen tanto las costillas que decide abandonar la idea. Cuando vuelve la chica lo ve tan frágil, tan pálido y con el labio pintado de carmín partido, que apenas puede contener las lágrimas. Su piel es tan blanca que los morados resultan si cabe más evidentes. Su pelo castaño parece no haberse dado cuenta de lo sucedido y se deja caer sobre el ojo derecho con orgullo. Su belleza es extrema, piensa ella, y hasta en ese estado parece brillar. Sobre la mesita de noche hay un libro, lo coge por curiosidad y resulta ser un volumen de las memorias de Kierkegaard. Él le pregunta cómo se llama y le pide por favor que ponga aquel vinilo que se encuentra sobre la mesa en el tocadiscos. Mireia no conoce el grupo pero encuentra su nombre interesante, tiene curiosidad por saber cómo sonarán.Ideales sublimes
Exámenes
Todas la personas odian, todas las personas mienten, todas menos tú
Si les digo que hoy voy a hablar del primer grupo al cual se denominó post-rock ustedes van a poner mala cara, pensarán que he abandonado mis principios de indie-poppie y me odiarán por ello, pero si les cuento que su compositor es el mismo que ha producido el disco de Jarvis Cocker en solitario quizás me perdonen. Graham Sutton y John Ling fundaron Bark Psychosis en 1986 siendo unos quinceañeros y lo suyo era ni más ni menos que hacer versiones de Napalm Death, nada prometedor la verdad. Sin embargo, la banda sufrió a finales de los 80 y comienzos de los 90 una metamorfosis espectacular y fruto de ello son un disco, cuatro singles y una pieza instrumental de 21 minutos que sirvieron para cimentar las bases de lo que Simon Reynolds llamó post-rock. En 1997 se disolvieron, a pesar de que desde hacía tres años no publicaban nada, y no fue hasta el 2004 que Graham Sutton publicó un nuevo álbum, ya con una banda de músicos nueva. El motivo que hace que les dedique estas respetuosas líneas no se debe precisamente a sus temas más épicos, con largos desarrollos instrumentales, que lo cierto es que no me interesan nada, los cuales sirvieron a toda una serie de bandas, mayoritariamente americanas, para copar páginas y páginas de las revistas musicales más prestigiosas a finales de los 90. No, lo que me cautiva de esta banda son algunas canciones de sus primeros singles como All Different Things, Nothing Feels, Blood Rush y, especialmente, I Know. Todas ellas tienen una delicadeza y una ligera sensualidad, muy británica, donde se dibujan paisajes etéreos, que a veces parecen pertenecer al mundo de los sueños. Mi favorita es I Know, que fue la cara B de su segundo single para la pequeña compañía Cheree, de la cual volveré a hablar algún día cuando recuerde los últimos sonidos de algún verano pasado. Esta canción es de una belleza poética magnífica, con esos cantos de sirena, y siempre que la escucho pienso en el candor de aquellos labios y en la sensación de que el tiempo se había parado para siempre y la muerte no debía ser tan amarga.
Pesares (parte II)
Tenemos que terminar el aplicativo este viernes y soy consciente de que nos queda mucho trabajo por delante, te veo un poco nerviosa, te has empezado a morder las uñas y tus piernas parecen danzar al ritmo de algún ritual primitivo. Yo parezco tranquilo pero mi interior se rinde al desasosiego, te pregunto si quieres que te ayude con tu parte y me pides si puedo enseñarte cómo se muestran unos listados. Entonces abro la pequeña ventana de color negro y escribo un código, te tengo tan cerca que oigo tu respiración, pareces algo agitada. Se muestran unas letras verdes, otra más y aceptamos, pero no sé por qué extraña conjunción aparece un símbolo que jamás había pensado que esas máquinas pudieran interpretar, creo que es un corazón. Rápidamente lo borro pero te has dado cuenta y empiezas a sonreír, creo que me he puesto algo colorado y he vuelto ha escribir algo sin sentido. En aquel instante debiera haberte besado, siento un gran pesar y creo que voy a llorar, aunque me limito a mostrarme sereno. ¿Por qué no huimos, Verónica, y no volvemos jamás? Podríamos perdernos en algún lugar montañoso al cual nadie se acercara. Conozco un sitio donde ninguna persona nos encontraría, solo se oye el viento surcar el valle y el agua de un riachuelo que se dirige hacia algún lugar como el cuerpo de una brillante serpiente. Apenas hay vida alrededor, todo se quemó hace unos veranos, y los troncos de las encinas parecen los únicos supervivientes pero ya empiezan a brotar algunas y las jaras y los brezos colorean el paisaje con distintas tonalidades verdosas. Pasan las horas y seguimos sin hablar, sé que jamás podré sentir la candidez de tus labios en mi piel ni podré acariciar tus rodillas pero tu sola presencia me permite soñar con ello. Transcurren los días y ya estamos a viernes, por fin se terminó el sinvivir. Hoy has llegado más tarde de lo habitual, no llevas nada para el almuerzo y tampoco me saludas, creo que algo va mal. Enciendes el ordenador, escribes algo, me miras con ojos llorosos pero al instante sigues con ello. Te pregunto si todo va bien y me comentas que has decidido dejar el trabajo, empiezan a caer algunas lágrimas de tus ojos, quiero abrazarte con fuerza pero te levantas y vas a hablar con aquel cretino. Al cabo de un rato vuelves, estás más calmada, te voy a echar mucho de menos y te lo digo, me das un beso en la mejilla y noto tu calor durante unos instantes. Me miras a los ojos y creo saber lo que estás pensando, apresuradamente escribes tu número de teléfono en un trozo de papel milimetrado y yo siento que voy a desfallecer.
La dulzura de este dolor
El corazón es un cazador solitario



