El amor vuelve a París por primavera
Llego un poco tarde y me temo que no seré recibido con exquisita cordialidad. En el salón del hotel solo veo a unas distinguidas señoras que parecen entretenerse con sus banales chismorreos, que si la hija de tal se acuesta con ese, que si el decorador aquel es un cretino y que si aquel masajista hace maravillas. Pero a Georgina no la veo por ningún sitio, seguramente se habrá cansado de esperar y se habrá marchado. Pregunto al camarero si ha visto a una chica joven con corte de pelo geométrico y bailarinas de satén. Se ve que llegó hace una media hora y salió a fumar un cigarrillo, seguro que está enfadada. El chico me pide que me siente en una de las mesas del fondo, tiene razón, será mejor que la espere. Una taza de te y la última novela de Kiko Amat me aguardan solitarios, dónde se habrá metido. Mientras echo un vistazo al libro una voz tenue y aséptica me saluda, es ella. Pero muchacha, qué pálida te encuentro, esta vez no parece que se deba a la casera. En efecto, no me equivoco, tu querido novio con mirada a lo Alain Delon dice que eres demasiado fría con él y no soporta que lo llames todos los días al trabajo. Cree que ya no lo amas y que te ves con otro, ya te advertí que era un chico muy listo y perspicaz. Habéis roto y te sientes triste y deprimida, y eso en primavera es inaceptable. Hay que ver lo insensibles y sádicos que son algunos, aunque querida, ya sabes que siempre tendrás tu premio de consolación, no te puedes quejar.
The Magnetic Fields – Love Goes Home To Paris In The Spring
La última carta
Este fin de semana no fue nada memorable, no ocurrió nada que merezca ser recordado o contado. Nadie intentó abrir el caparazón que recubre mi alma triste ni yo tuve fuerzas para hacerlo. Los rayos de sol iluminaron mis ojos con su rejuvenecedora irradiancia y yo ignoré su voluntad. Vagué por las calles sin rumbo alguno y la muchedumbre ahogó mi débil suspirar. Encontré a unos muchachos valerosos que clamaban por su derecho a vivir dignamente y no los acompañé. Una chica joven se arrodillaba suplicando nuestra ayuda y no le enjuagué las lágrimas. Cuándo podré despertar de este sueño en blanco y negro. Suerte que recuperé del olvido una preciosa melodía que compusieron los hermanos Alex y Constantin Veis y volvió a asomar en mi abatido rostro una tenue sonrisa. Jamás debí olvidar su voces etéreas ni la esperanzadora letra, jamás. Si es necesario me tatuaré esas palabras en el dorso de mis manos para que el paso del tiempo y las estaciones no se las lleve.
Mi madre me ha contado que se te ve muy feliz, radiante incluso. Sin duda encontraste a quien te mereces y eso me llena de alegría, aunque te debo confesar que este sentimiento se entremezcla con una leve amargura por lo que pudo ser y no fue. Ya sé que me sigues queriendo, que piensas en mi a menudo y que no me guardas rencor alguno y te lo agradezco sinceramente. Pero ahora eres inalcanzable para mi, una campana de vidrio nos separa y nadie podrá romperla nunca. Incluso es probable que no volvamos a vernos, como ya sabrás me mudo de la gran ciudad, y por eso he sentido la necesidad de escribirte por última vez. Quizás nos reencontremos algún día y los niños te arrastren de las manos. No te conté que una noche soñé que teníamos tres hijas, hasta me acuerdo de sus nombres. Qué gracioso, verdad.
Fantastic Something – Different Sounds
Los hijos de los otros
Desde lo alto de la colina el pequeño pueblo se asemejaba al mismísimo infierno. Jamás la luz del alba había adquirido un aspecto tan amenazador, los pájaros parecían haberse escondido en algún lugar recóndito pues no se les oía cantar, mientras que los perros aullaban aterrorizados por el fuego. Las llamas iban devorando las casas del centro histórico y la urbanización de las afueras parecía correr la misma suerte. La gente huía despavorida de sus casas con lo puesto y los bomberos aún estaban por llegar. Sin embargo, Ovidio, Rashid y Orfila no sentían miedo ni pánico ante semejante horror. Ovidio era el mayor, todos le tenían mucho respeto y admiración porque era valiente y cordial como pocos. Los niños del pueblo, sin embargo, lo odiaban porque se pasaba muchas tardes leyendo novelas y libros de historia en vez de salir a jugar con ellos. Un día vio en casa una película donde un grupo de escolares se rebelaban contra sus profesores y había sentido algo en su interior que le indicaba que él también debía tomar su ejemplo. Su hermana pequeña, Orfila, tenía una sonrisa electrizante y siempre estaba de buen humor. Aquellos dientes de conejo le daban un aire encantador y los únicos que no se percataban de ello eran sus padres y su maestro de la escuela. Algún especialista bobo les había advertido que se trataba de un síntoma de hiperactividad y que debían suministrarle calmantes. Ovidio no entendía porque drogaban a su querida hermanita, ella que era la chica más pizpireta que existía en el mundo. Rashid también quería mucho a Orfila, era la primera persona que se había dirigido hacia él y le había pedido que jugaran juntos. Además no lo miraba raro por tener la piel morena ni por hablar de un modo curioso. A Ovidio lo admiraba porque éste siempre le contaba lo fabulosos que habían sido los persas en la antigüedad y porque siempre lo había defendido en el colegio cuando le querían pegar. Allá en lo alto, estirados en la húmeda hierba, observaban plácidamente como se iba desarrollando la tragedia. Tan solo Orfila sentía un poco de añoranza por lo que iba a dejar atrás, aunque la idea de una vida nueva la llenaba de esperanza. Además, su beluga de peluche vigilaba por ella y su hermano Ovidio le había prometido que en el bosque que cubría las montañas los animales esperaban su llegada para darles una calurosa bienvenida. A primera hora de la mañana, cuando los mirlos, las alondras y las golondrinas despiertan de su placentero sueño con alegres cantares, Ovidio, Rashid y Orfila llevaron a cabo su plan con tal maestría que hasta el primero estaba gratamente sorprendido de ello. Montando sus bicicletas recorrieron el pueblo esparciendo la gasolina que habían recogido del garaje del padre de Ovidio y Orfila y con ella el poder destructor de su combustión. Atrás quedaban la desazón que les provocaba el ser ignorados por sus padres y los severos castigos de su profesor, ya nunca más deberían soportar su estúpido comportamiento ni su inmadurez, ya habían logrado poner fin a esa aburrida vida y ahora era el momento de renacer bajo el amparo del robledal y de las criaturas que en él se cobijaban. El valiente tejón, la alegre rata de agua, el travieso sapo y el tímido topo serían sus compañeros de aventuras, el sabio búho escucharía sus dudas y sus temores y el petirrojo les contaría mil historias. El musgo sería su colchón cuando tropezaran, las flores silvestres les saludarían con amabilidad y respeto y los frutos del bosque les darían alimento. ¡Qué más podían pedir!
Disco Inferno – It´s A Kid´s World
Primer amor, últimos ritos
Cuánto echaba de menos estas canciones, es una pena que nadie las pinche en los clubes. Esas guitarras cristalinas me traen ecos de un pasado que creía haber olvidado. Te beso. Cómo adoro esas armonías vocales que acarician mis oídos, suaves brisas primaverales que despiertan en mi el deseo de amarte para siempre. Tus brazos me apresan y el calor de tus senos me impide sentir el latir de tu corazón. Todos están bailando, nadie nos mira, podemos escapar entre la oscuridad y el denso humo, como si de un truco de magia se tratase. No, no quiero que mi sombra te haga desaparecer, es mejor que huyas, a todo arco iris le acompaña siempre una nube y yo no soy la excepción. No me mires con esos ojos, por favor, no lo resistiré y tú lo sabes bien. Por qué no dices nada, aunque sea una tontería, da igual, o pídeme que me marche. Lo volvemos a hacer, cómo te adoro, quisiera morir ahora mismo y recordar este momento como si fuera el último. Siguen sonando esas bellas canciones saltarinas, son los Razorcuts, cómo me gusta este tema. Bailemos un poco, sólo un instante, y después entreguémonos a todos los ritos que quieras. Me rindo. Pero es que no puedes ceder ante una melodía tan bonita. A veces no te comprendo aunque prefiero no hacerlo, me gusta ese aura de misterio que te rodea. Dime que me amas o mejor no lo digas nunca. Te beso.Un mundo nuevo oigo yo
¿Qué nos ha pasado?
Hay muchas razones por las cuales empecé este blog a comienzos del otoño pasado. Una de ellas, quizás la más importante, era compartir con ustedes bonitas canciones pop ya que tenía la necesidad de expresar el amor que yo siento por canciones como la que les presentaré hoy. Supongo que a muchos de ustedes les ocurrirá que cuando alguien les pregunta qué música les gusta no saben muy bien qué responder, los nombre de los grupos no son populares aunque su música es pop(ular) y tampoco quieren parecer unos raros o unos pretenciosos, con lo cual a uno se le queda un sinsabor y un sentimiento de frustración nada agradables, yo al menos nunca me he enorgullecido de conocer a bandas que parece que nadie más disfruta. Recuerdo una vez en la universidad que una amiga me hizo esta misma pregunta y yo pensé que lo mejor era grabarle una cinta con mis canciones favoritas de por entonces. Pasé tardes enteras escuchando mis discos y seleccionando los temas que creía que le podían gustar más, por aquel entonces no había grabadoras de discos compactos, así que todo fue bastante artesanal. Sin embargo, nunca supe qué le había parecido, al comienzo pensé que no le había gustado nada, que aquellas canciones llenas de dulces melodías la habían horrorizado, por suerte me siguió hablando como si nada y yo no me preocupé más. Tiempo después una amiga suya, que no me tomaba nada en serio, supongo que algún motivo tendría, me lanzó la indirecta de que grabando cintas como aquella ninguna chica podría tener un sentimiento hacia mi fuera del exclusivamente maternal. Por suerte sabía que ELLA no compartía la idea de su amiga, al menos totalmente, pero ya nunca más volví a grabar un recopilatorio a nadie. Pero es que encima hay cierta música pop que parece que a la gente le escandalice, más incluso que un disco de grindcore (estilo que dicho sea de paso respeto enormemente). Estoy hablando de las canciones twee, lo que en castellano se vendría a llamar tonti-pop o pop infantil, temas donde las voces son muy suaves, como si te estuvieran cantando al oído, las letras son simples odas al amor eterno, muchas veces platónico, y donde las metáforas pastoriles suelen abundar. Con esto no quiero decir que todo el twee-pop me apasione, ciertamente hay grupos y canciones que no soporto, y lo curioso es que no sabría muy bien decir el porqué. Pues bien, la canción que les voy a presentar hoy es quizás la más twee que se haya compuesto en este país. Recuerdas abría la primera maqueta de un grupo de Cádiz, formado por Paco y Maite, llamado Velasco. Nunca publicaron ningún disco, tan solo otra maqueta, y por entonces, hace 3 o 4 años, parecía que a nadie le interesaran sus delicadas melodías acústicas. Quizás es que como decían los Fresones, alguna vez caí de un guindo y todo lo veo muy lindo.
A veces pienso que no fui hecho para estos tiempos
Hoy es el cumpleaños de Silvia y la invitación para su fiesta hace días que ocupa un lugar preferencial en su estancia. No es habitual que Miguel esté ansioso por asistir a un acontecimiento social como éste pero la ocasión promete y mucho. En primer lugar, Silvia le cae muy bien, es quizás la chica más simpática de su clase y además a ella le gusta que sea el único chico del instituto que aún no se le ha declarado y él lo sabe. Y es que Miguel parece que esté más interesado en contemplar las nubes que las caderas de sus compañeras. Silvia cree que él es especial, algo le dice que ese chico esconde algunas sorpresas y piensa descubrirlas. Pero lo que hace que la barriga de Miguel esté tan alterada estos días es que a la fiesta también irá Claudia, una amiga de Silvia, a la cual nuestro chico tímido adora. Desde el día que ella le comentó que si Holden Caulfield se parecía a alguien debía ser a él, Miguel siente auténtica devoción por Claudia. En clase, nadie le hace el menor caso, los empollones opinan que es un cretino y un engreído, los chicos duros que es un marica y las chicas, menos Silvia, simplemente lo ignoran. Pero a Miguel le da igual porque para él Claudia lo significa todo, bueno ella y sus discos de soul primitivo. Cuando escucha esas canciones antiguas todo cobra sentido y una fuerte sensación de seguridad se apodera de él, ya no le da miedo la soledad ni le angustia la vida moderna. Está harto del instituto y hoy para celebrar tal evento no piensa asistir a las clases, se levantará tarde, grabará su voz con el aparato multipistas versionando algún tema de doo woop hasta que parezca que se trate de un grupo vocal y después irá a almorzar a su restaurante chino favorito. Ya por la tarde, terminará de leer aquel libro de Aleister Crowley que tanto le fascina y luego tomará un baño caliente y se preparará para la gran cita. Lo que más le gusta de Claudia es que también odia a sus compañeros de instituto, los cuales le parecen unos inmaduros y la aburren sobremanera. Pero lo que no esperaba Miguel es que desde que ha llegado al piso de Silvia su amada no se desenganche del hermano de ésta. Un chico con voz poco masculina le pregunta si le apetece beber algo y Miguel piensa que un poco de alcohol en la sangre le hará bien. Parece simpático, le comenta que es amigo de Silvia y hace de modelo en una academia de pintura. Se ve que le pagan bien y tiene mucho tiempo libre, lo cual parecería interesante si no fuera porque a Miguel le aterra que le vean desnudo. Luego se les une otro chico cuya cara le es conocida aunque no recuerda muy bien de qué, les cuenta que Silvia le ha pedido que ponga algunos discos y les comenta que pinchará a unos monos árticos, unos golpes, unas patatas fritas calientes, un archiduque y unas chicas cansadas de ser sexies y demás grupos que a Miguel no le suenan de nada. Claudia parece estar pasándolo realmente bien y no para de reír, su vestido de color verde esmeralda le favorece mucho y esos pendientes colgantes de perla hacen que parezca alguna musa de Truffaut. Poco a poco van llegando todos y Claudia sigue con aquel chico que a Miguel ya le está empezando a caer realmente mal. Si no la deja a solas un solo instante en toda la noche empezará a recordar algún conjuro mágico y no se arrepentirá de ello. Parece que al final éste ha adivinado sus pensamientos y desaparece de escena durante unos instantes con lo cual Miguel se dirige a ella raudo y veloz. Claudia se sorprende al verlo y le da un beso en la mejilla, le pregunta qué pone en su chapa y Miguel le comenta que es el nombre de un grupo americano de doo woop, los Moonglows. Su pelo largo brilla como si miles de luciérnagas se hubieran cobijado en él y sus labios color sangre le dan un aire de diosa romana que Miguel no olvidará nunca, jamás la había visto así y aunque muchas chicas parecen cambiadas cuando se arreglan para una ocasión especial, Claudia sigue siendo la misma, aunque su extraña belleza se ha acentuado de un modo que Miguel no cree que esa noche pueda resistirse a expresarle sus sentimientos. Y es que el amor no se puede guardar en secreto para siempre. O al menos eso decían unos jóvenes escoceses a comienzos de los ochenta.
a) Canción que sonó en la fiesta y Jaime hubiera preferido que no lo hiciera;
b) Canción que Jaime deseaba que alguien pusiera pero que no sonó.
Os deberían asesinar a todos
Canciones de inocencia







