El arco iris en mis ojos
Hoy quiero hablarles de un grupo de indie-pop que siempre he apreciado mucho. También quería comentarles porque he escogido su música y lo cierto es que no sé muy bien qué decirles. Me siento confuso, exultante y a la vez temeroso, contento de estar así pero también asustado por ello. Creo que adivino lo que estarán pensando y probablemente no vayan desencaminados. Lo cierto es que estos días he estado buscando un disco que me acompañara en este estado lleno de turbulencias y por suerte he acertado con él: Glimmer de los Glo-Worm. ¿Qué es lo que pueden ofrecer unas canciones acústicas que parecen improvisadas y tocadas por alguien en tu propia habitación? Pues, sin dudarlo, el talento y la increíble voz de Pam Berry. Sin ella, este grupo y todos en los que ha participado (la lista sería interminable) no pasarían de ser meros divertimentos de gente que adora la música pero no logra emular a sus ídolos. Sin embargo, Pam Berry dotaba a sus composiciones de una belleza y una sobriedad difíciles de igualar (como muestra pueden escuchar la versión que hicieron del clásico Friday I´m In Love de los Cure). Y es que cuando cantaba, de su boca salían destellos de luz como si fueran los reflejos de las hojas de los álamos al pasar el aire. Quizás su voz no fuera tan perfecta como por ejemplo una Elizabeth Fraser, quien curiosamente también tiene dos hijas como ella, pero su elegancia y personalidad son incuestionables. Junto con su amigo Terry a la guitarra, quien llegó a tocar en el grupo St. Christopher, y Dan a la batería, grabó dos EPs y un single con unas portadas preciosas y unas canciones que lo eran aún más. Finalmente, el siempre atento Calvin Johnson, quien les publicó su último disco en K Records el año 1996, recopiló todas sus canciones, incluidas la versión de los Cure y las adaptaciones de otros clásicos como Downtown y Beyond The Sea en el álbum Glimmer. Si no saben cómo decirle a su enamorada o enamorado cuánto los adoran o la timidez se lo impide, regálenle este disco y si no entiende su mensaje entonces mejor será que se hagan budistas, beguinas o que se busquen otra compañía.
Fantasmagoría
Descalzo por el parque
Como un zombie
Pasan las horas y sigo sin poder dormir, me pregunto con quien estarás soñando ahora. Si tan solo pudiera perdonarte, pero me temo que no va a ser nunca posible. Cien veces hubiera preferido la mordedura de una víbora a tu veneno. Mi sensual y apasionada efímera, regresa a mi corazón como el viento de poniente, revoltoso y juguetón, y arráncame este dolor que tanto me debilita el alma. Volveríamos a besarnos a escondidas en casa de tu madre, mientras ella nos preparase la merienda. Iríamos de nuevo a los jardines del antiguo parque de atracciones y haríamos chiquilladas en los colchones y las palancas musicales. Cuánto echo de menos interpretar a Bonnie y Clyde robando en la droguería de aquel tipo tan antipático o planeando lanzar explosivos contra las clínicas de cirugía estética del barrio. Oh mi bien amada, si supieras el daño que me produce el no poder acariciar tu espalda ni abrazar tu delgadez, no lo podrías soportar, antes preferirías ser engullida por un tiburón ballena y pasar a mejor vida. Si vieras lo preocupada que está la chica de la panadería cuando voy los fines de semana a comprar los bollitos, con sobredosis de calmantes y un aliento a vodka que tumbaría a un alce. Y la pobre dependienta de la herboristería que ya no sabe qué flor de Bach recetarme y se deprime al comprobar que mis desequilibrios de magnetismo no aparecen siquiera en su adorado Dioscórides. Mis pobres vecinos están asustados de tanto escuchar a los Xiu Xiu a volumen aterrador y el gato creo que un día de estos se va a emancipar como la situación siga igual. ¿Por qué no dejamos el rencor atrás y nos ponemos a hacer el amor en el teleférico? No sé tú, pero a mí me parece una excelente idea.L’important c’est d’aimer
La herida volvió a abrirse doctor, la piel se cayó y la sangre volvió a brotar como de un manantial. Intenté curarla y desinfectarla pero al instante los capilares se abrían y el denso líquido lo manchaba todo de nuevo. Una y otra vez repetía el proceso y parecía que la herida se cerraba, pero todo era una ilusión. Luego empezaron a ponerse mis dedos morados y al articularlos sentía un dolor que jamás había experimentado. Cualquier objeto que intentaba coger me producía pequeñas descargas de electricidad y mi cuerpo se quedaba rígido. Cuando salía a pasear, la gente me golpeaba al pasar junto a mi y en ningún caso se excusaban. No comprendía qué estaba ocurriendo. La alegres golondrinas habían desaparecido como engullidas por los cúmulos y el regocijo de los niños apenas era perceptible. Cuando leía “Decadencia y caída” de Evelyn Waugh me parecía el libro más triste del mundo y el visionar aquella película de Zulawski que protagonizaba Romy Schneider no me emocionaba en absoluto. Supuse que unas vacaciones en el sur de Ourense me sentarían bien y desde que llegué llovió un día sí otro también. Encerrado en aquella casa de montaña se me aparecía ella en todo momento, su pelo castaño se dejaba caer sobre su desnudez, y su voz resonaba en mi interior como ecos de un pasado no demasiado lejano. Fui a la plaza del pueblo donde la Inquisición quemaba a las mujeres acusadas de herejía e invoqué a todos los dioses paganos que pude pero nadie me hizo el menor caso. Una anciana del lugar me contó que debía recoger unos helechos y luego hacer un brebaje con ellos, con lo cual me dirigí hacia el bosque donde los arces, los castaños, los olmos y los robles reinaban a sus anchas y me hice con una ramita. Luego ocurrió lo inevitable, me perdí y aquí sigo, con la ropa raída, las zapatillas gastadas y el pelo como el hombre de las nieves. Las setas crecen en él y el musgo cuelga de mi espalda y brazos, cuando amanece los cervatillos se acercan a mi sin temor y por las noches los mochuelos me miran con curiosidad. No es la vida que esperaba pero lo cierto es que tampoco está tan mal.
Objetos perdidos (segunda media parte)
Al llegar a su piso Pablo se quita la cazadora y como no recuerda donde la deja habitualmente se la pone a modo de capa a su muñeco del Profesor Iris. Éste le mira con cara de sorpresa pero no le dice nada, qué mas da, por la noche tampoco hace tanto calor. Pablo parece bastante ajetreado buscando su libreta y no se da cuenta de que aún no ha saludado a sus compañeros de piso. Bob Esponja, Rocky y Bullwinkle, Snoopy, Dumbo, Astro Boy, Tinky Winky, el pequeño Nemo, Barbapapá y Barbamamá, la Pantera Rosa, El Oso Hormiguero, la Hormiga Atómica, Moominpapá y Moominmamá, el oso Baloo, Robin Hood, Barbarella, Scooby-Doo, Lamu, Casper, Pingu, Tricky, el gato de Cheshire, Alicia, Winnie the Pooh, Burbuja, Pee Wee, la Rana Gustavo, el Pato Donald y el robot Robbie no se enfadan por ello, están acostumbrados a que su amigo siempre esté en las nubes. Pero es que hoy es un día especial para Pablo, pues lleva días preparando su experimento con el cual logrará que su sueño más querido se haga realidad. Según sus estudios y después de múltiples cálculos demasiado complicados para que los explique hoy, el reflejo en varios espejos colocados en una posición concreta (lo siento pero es un secreto que no les voy a desvelar) puede conseguir que uno rejuvenezca o envejezca varios años. No crean que Pablo se ha vuelto loco pues sus razonamientos se basan ni más ni menos que en otros experimentos que realizó tiempo atrás el prestigioso científico De Selby. Si todo sale como espera, su amada Berta se convertirá en una bella jovencita a la cual hoy tiene pensado pedir que se case con él. Lo tiene todo previsto, hasta ha escogido de entre su colección las postales de los lugares a los que viajarán de luna de miel. Si uno muestra el suficiente entusiasmo y mucha ilusión es posible desplazarse hasta los sitios más lejanos con solo desearlo y con la ayuda de unas bonitas fotografías de los monumentos característicos. Volviendo a su experimento, Pablo debe encontrar su libreta porque en ella se encuentran los esquemas y dibujos sobre cómo y dónde debe situar los espejos que durante tantos meses ha ido recogiendo cerca de los contenedores. Los hay de todos los tamaños, con marcos de madera, metálicos, de cobre, bronce, con adornos florales, de inspiración modernista y gótica, o bien con mosaicos de varios colores. Berta, mientras tanto, descansa estirada sobre un montón de ropa tirada en el suelo. Aunque Pablo se enfadaría conmigo si leyera esto, creo que debo informarles de que nuestra afortunada dama no es más que una muñeca de trapo que su pretendiente encontró un día sobre uno de los bancos del parque, pero él cree que es una niña huérfana y como si fuera Silas Marner se ha ocupado de ella desde entonces. Berta tiene una cabeza muy grande, su pelo es rizado y de color violeta, sus ojos tienen un color verde turquesa y son pequeñitos, mientras que sus labios son también diminutos como los de las japonesas y están un poco pintados (¡qué pillina!). Además su rostro está cubierto de unas recoletas pecas que a Pablo le gustan mucho. Aunque al parecer no lleva ropa interior puedo decirles que su vestido es uno de los más bonitos que haya visto nunca, de cintura alta, con múltiples flores de esas que aparecen en los prados de montaña. Ay Pablo, ¡qué despistado llegas a ser! ¿Por qué no buscas debajo de la cama, o entre los libros que tienes sobre el escritorio, o debajo de los cestos de hortensias? ¿Y dentro del horno, encima del tobogán o en el frigorífico?
Daniel Johnston – Casper The Friendly Ghost
Y no sólo les gusta a los orientales
- Si cree que las piruletas y las gominolas merecen una oda tanto como una urna griega;
- Si prefiere el fútbol salón al fútbol sala;
- Si le gustan las camisetas de rayas;
- Si odia el color negro tanto como los insectos adoran el amarillo;
- Si es incapaz de acercarse a las chicas a menos de un metro de distancia;
- Si padece taquicardia cuando aquella chica con ojos vivaces pronuncia su nombre;
- Si todavía no ha aprendido a atarse los cordones de los zapatos;
- Si sus compañeros opinan que siempre está en la parra y usted no entiende bien el porqué;
- Si se duerme viendo las películas de Tarkovski;
- Si el día que le robaron su bicicleta es uno de los más tristes de su vida;
- Si prefiere los gatos a los perros;
- Si cuando ve el telediario no entiende nada de nada;
- Si ya no se acuerda de la última vez que le invitaron a una fiesta privada;
- Si recuerda el día que vio a los BMX Bandits en directo como uno de los más felices de su vida;
- Si los niños le piden a su madre camisetas como las que suele llevar puestas;
- Si vive en un piso en el que es imposible jugar al escondite o en casa de sus padres;
- Si le gusta perder el tiempo observando como los pájaros se dedican a hacer piruetas los días borrascosos;
- Si el día que aquellas niñas le tocaron el brazo y le dijeron “paras” cuando se disponía a ir al trabajo se dedicó a perseguirlas;
- Si cuando lee por la calle choca con todas las farolas y se golpea con todos los bancos;
- Si sus padres están más preocupados por su porvenir que por la pensión;
- Si sus compañeros del colegio están todos casados y pagan cada mes su correspondiente hipoteca y en cambio usted no sabe que es el Euribor ni el IRPH y piensa que los tipos de interés son gente como Javier Pérez Andújar.
Entonces está claro que los Grade Grubbers son su grupo y Let´s Kiss To Make It Real su disco.
Objetos perdidos (primera media parte)
Hay muchos elefantes de juguete pero para Pablo ninguno es tan bonito como el suyo. Éste tiene las orejas articulables, además de las patas, y la textura de la piel es muy parecida a la real. Y está tan entusiasmado que logra contagiar su excitación a Alfredo, su único amigo, el cual escucha con suma atención los comentarios de Pablo: las diferencias entre el elefante africano y el asiático, que si uno tiene un tamaño mayor, las orejas de diferente forma y hasta la trompa también. Los demás pasajeros del vagón de metro los miran con incredulidad y asombro, pues no es habitual encontrarse con dos chicos mayorcitos conversando sobre las características morfológicas de un elefante de plástico, por muy real que éste parezca. Pero ellos ni se percatan de las caras de los viajeros, absortos como están con su última adquisición. Pablo debe bajarse en la siguiente parada pero, como casi siempre, es Alfredo quien se lo recuerda. Qué sería de él sin su amigo inseparable, cuando los demás se empeñan en considerarlo un enfermo, un excéntrico o las dos cosas a la vez. Por suerte, dentro de unos minutos llegará a su hogar, donde le esperan sus amigos y Berta. Pablo vive en un barrio industrial antiguo, su piso se encuentra en una callejuela que parece resistir estoicamente los embates del monstruo urbanístico. En ella, unos gatos pasean tranquilamente mientras los pocos vecinos se encuentran dentro del colmado conversando sobre los pequeños temas de la vida cotidiana. Fuera, una parada de autobús anulada se yergue como privilegiada espectadora. Cuando llega Pablo tan solo se oye el murmullo del interior y el alegre canto de los pocos pájaros que se resisten a dar por terminado el día. Como siempre, la puerta de la calle está abierta y al entrar se encuentra con una perdiz que parece un poco perdida. Ella ni se inmuta y sigue a lo suyo, Pablo le da las buenas tardes y coge el correo, ésta vez no conoce a nadie de los que le han escrito, además sus nombres son más bien raros, compuestos como los de los príncipes pero más feos aún. Su vecina, la señora Herminia está un poco preocupada porque ha perdido las gafas y cuando Pablo entra a saludarla, como era de esperar, no lo ve. Pablo le trae una postal que encontró tirada cerca de un contenedor de basura en la que aparecen unos bueyes con flequillo y pensó que le harían gracia, a él sin duda le encanta. Pero cuando la llama, la señora Herminia se piensa que es el casero y se esconde detrás del frigorífico. Pablo piensa que esa mujer es un poco extraña pero insiste hasta que ella se da cuenta del error. Entonces le cuenta su desventura, ahora que iba a ver el noticiario ese en el que sale un presentador bien apuesto, va y pierde las gafas, menudo fastidio. Le cuenta que lleva casi toda la tarde buscándolas sin éxito y no comprende dónde puede haberlas dejado. Pablo no entiende nada pues desde que ha entrado la señora Herminia lleva las gafas subidas y así se lo hace notar. Qué alegría haberlas encontrado, qué majo es Pablo y qué pena que aún siga soltero con lo elegante y educado que siempre es. Le invita a cenar unas croquetas que ha comprado en el mercado, tan solo tiene media docena pero le cuenta que ella tan solo come lo estrictamente necesario y con un par o tres ya tendrá suficiente. Además le explica que es vegetariana porque es muy bueno para la salud y además ahorra. Pablo cree que una hamburguesa con patatas es mejor plan, con lo cual se excusa diciéndole que esa noche tiene mucho trabajo que hacer, lo cual es totalmente cierto como intentaré demostrarles.
Daniel Johnston – Wicked World
Corazones de alabastro
Cariño, ¿te apetece subir al tejado? El cielo tiene un tono rojizo amenazador y desde arriba podremos disfrutar de su solemnidad. Además ya sabes que tienes que subir más allá del quinto si quieres asegurarte una muerte rápida, desde el tercero con suerte podrías tan solo quedarte en una silla de ruedas. Venga, no seas perezoso, no hace falta que te vuelvas a peinar, estás estupendo con tu camiseta de Amphigorey y esos tejanos negros rotos tan ajustados. Me encanta tu sombra de ojos, así su verdor parece hasta irreal… si al menos me miraras un poco… Lástima que no te des cuenta de cómo te amo, eres tan frágil, tan pálido y tan sensible que me dan ganas de tocarte para ver si eres de verdad, apuesto que incluso eres asexual… me dejarías que acariciara tu cosita allí arriba. Venga, apresúrate, no te hagas de rogar mi amor. Las nubes ya están cubriendo el cielo y quizás se ponga a llover, cómo detesto la lluvia, si al menos se llevara todas mis lágrimas acumuladas a lo largo de los años, pero eso nunca sucede. Por qué siempre tienes que estar escuchando ese grupo horroroso llamado Joy Division y leyendo a Kafka, no ves que el misterioso Teatro de Oklahoma no ha existido jamás. Con lo buenos que son los discos de los Wild Swans y los poemas de Philip Larkin no deberías perder el tiempo con esos nihilistas. Venga, subamos al tejado que quiero ver el reflejo del crepúsculo en tus ojos mientras me besas en espiral. Sé bueno, después ya te lo recompensaré.Debieran haber sido más grandes que los Beatles
You should always try to see
Another person´s point of view
You should never, oh never
Think that you know everything






