L’important c’est d’aimer
La herida volvió a abrirse doctor, la piel se cayó y la sangre volvió a brotar como de un manantial. Intenté curarla y desinfectarla pero al instante los capilares se abrían y el denso líquido lo manchaba todo de nuevo. Una y otra vez repetía el proceso y parecía que la herida se cerraba, pero todo era una ilusión. Luego empezaron a ponerse mis dedos morados y al articularlos sentía un dolor que jamás había experimentado. Cualquier objeto que intentaba coger me producía pequeñas descargas de electricidad y mi cuerpo se quedaba rígido. Cuando salía a pasear, la gente me golpeaba al pasar junto a mi y en ningún caso se excusaban. No comprendía qué estaba ocurriendo. La alegres golondrinas habían desaparecido como engullidas por los cúmulos y el regocijo de los niños apenas era perceptible. Cuando leía “Decadencia y caída” de Evelyn Waugh me parecía el libro más triste del mundo y el visionar aquella película de Zulawski que protagonizaba Romy Schneider no me emocionaba en absoluto. Supuse que unas vacaciones en el sur de Ourense me sentarían bien y desde que llegué llovió un día sí otro también. Encerrado en aquella casa de montaña se me aparecía ella en todo momento, su pelo castaño se dejaba caer sobre su desnudez, y su voz resonaba en mi interior como ecos de un pasado no demasiado lejano. Fui a la plaza del pueblo donde la Inquisición quemaba a las mujeres acusadas de herejía e invoqué a todos los dioses paganos que pude pero nadie me hizo el menor caso. Una anciana del lugar me contó que debía recoger unos helechos y luego hacer un brebaje con ellos, con lo cual me dirigí hacia el bosque donde los arces, los castaños, los olmos y los robles reinaban a sus anchas y me hice con una ramita. Luego ocurrió lo inevitable, me perdí y aquí sigo, con la ropa raída, las zapatillas gastadas y el pelo como el hombre de las nieves. Las setas crecen en él y el musgo cuelga de mi espalda y brazos, cuando amanece los cervatillos se acercan a mi sin temor y por las noches los mochuelos me miran con curiosidad. No es la vida que esperaba pero lo cierto es que tampoco está tan mal.
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