Triste, tímido y callado
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Hey, Hey, Girl – We´re Both Alone
Esperando un milagro
Pero me parece que ésto no es sobre lo que quería hablarles hoy, claro que no, si además tengo que presentarles a The Siddeleys, un poco más y vuelvo a despistarme. Pues bien, empezaré diciéndoles que la música de este grupo siempre me trae reminiscencias de la primera vez que visité Londres, lugar que amo y odio por igual. No sé si ello se debe a la excitación que me producen esas melodías rabiosamente pop y esas guitarras tan prístinas y alegres o bien a la melancolía y la desazón que transmiten las letras de Johnny Johnson, pero quizás tan solo se deba a que el grupo se formó en esa ciudad a finales de los 80. Además, escuchando sus canciones me vienen a la cabeza todos los grupos que forman parte de mi altar pop y eso, digo yo, sólo puede ser bueno, sobretodo teniendo en cuenta que, a pesar de ello, cuando uno escucha cualquier tema de los Siddeleys sabe que se trata de ellos y de nadie más. Como tantos otros grupos que hemos tratado, la producción de la banda dista mucho de lo que cualquier aficionado del buen pop hubiera deseado, claro está que en los tres años que permanecieron juntos no se puede lograr mucho más. Por suerte para aquellos que no estuvimos en Inglaterra aquellos años o no hemos nacido en Japón o los países escandinavos y no podemos permitirnos el lujo de adquirir los vinilos originales, Peter Hahndorf y Jimmy Tassos decidieron recopilar todas sus canciones en el disco Slum Clearance, que además contiene las sesiones para el programa de John Peel en la BBC Radio 1. Y entonces ocurre que al escuchar el primer tema, My Favourite Wet Wednesday Afternoon, uno ya sabe que la música de los Siddeleys no va a ser fácil de olvidar.
Please whirl me around
There’s no earthly reason
No earthly reason
There is no earthly reason
For darkness after dawn…
Si pudiera dormir junto a ti
- (…) Imagina, amado mío (no es verdad, pero así es como pienso a menudo), que he tejido mi capullito con lo que me gustaba, la tierra, los juguetes, las flores, los niños, las palabritas y el recuerdo de ti, amado mío; es un escondite blanco y sedoso, y no me parece ni frío ni oscuro. Pero a lo mejor no es lo mismo para los demás. Y sé muy bien que no se abrirá y que se quedará cerrado como el capullo de entonces. Pero yo ya no estaré en él, amado mío. Porque mi espera es irme de él como el animalito con alas; nadie puede saber cómo. Y de adónde quiero ir no sé nada; pero eso es lo que espero. Y los niños también, y tú, amado mío, y el día en que ya no se trabaje más en la tierra son mi espera. Sigo siendo un animalito, amado mío; no sé explicarme mejor.
- Tienes que salir, le dije, tienes que salir conmigo de este sitio oscuro, Monelle; porque sé que tú no piensas esas cosas; y te has escondido para llorar; y ya que te he encontrado por fin completamente sola, durmiendo aquí, completamente sola, vente conmigo, vente conmigo lejos de este sitio oscuro y estrecho.
- No te quedes, oh amado mío, dijo Monelle, porque sufrirías mucho; y yo no puedo irme, porque la casa que me he tejido está completamente cerrada, y no es así como saldré de ella.
Entonces Monelle me echó los brazos al cuello y su beso fue parecido, cosa rara, a los de antes, y por eso volví a llorar y ella enjugó mis lágrimas con sus cabellos.
Marcel Schwob – El libro de Monelle
Para siempre
Oh, I´ll break them down, no mercy shown,
Heaven knows, it´s got to be this time,
Watching her, these things she said,
The times she cried,
Too frail to wake this time.
Aquella noche fui realmente feliz. Posiblemente sea la única vez en mi vida que haya sentido correr por mis venas algo parecido a lo que los demás llaman felicidad. En la radio del coche ponían aquella melodía de Left Banke que a ella tanto le gustaba y, mientras tanto, nuestros pies se acariciaban sobre la húmeda hierba. Bailábamos como si aquella fuera nuestra última noche juntos y yo sentía el latir de su corazón tan cerca que un profundo estremecimiento se apoderó de mí. Entonces supe que nada ni nadie iba a romper aquella magia jamás. Ella me amaba, de eso estoy seguro, y aunque sabía que conmigo nunca iba a ser feliz, no le importaba, porque algo le decía que, de todos modos, tampoco lo iba a ser sin mí. Por ello, a la mañana siguiente, regresamos al lugar a donde habíamos prometido no volver jamás. Ella estaba asustada pero la tranquilicé como pude. Una vez en casa cogí el rifle que tenía guardado mi padre y me prometí a mi mismo que acabaría con todos aquellos que querían frustrar nuestras esperanzas. Y ustedes saben que lo hice. ¿Qué piensan, que iba a dejar que esos cabrones la volvieran loca y borraran de su rostro su tímida sonrisa? Oh no, ellos no lograrían salirse con la suya por mucho que se obstinaran en ello. Antes preferiría pudrirme en esta ciudad miserable a ver como terminaban con sus fuerzas poco a poco hasta convertirla en un triste reflejo de lo que una vez fue. Sé que Dios me castigará por ello y lo aceptaré resignado, pero si me preguntan si me arrepiento de ello les juro solemnemente que no. Piensen en sus hijas, acaso iban a dejar que cualquier desgraciado jugara con sus esperanzas y sus sueños hasta convertirlos en mera ilusión. Si sintieran como temblaba ella aquella noche mientras dejábamos atrás los verdes campos por los que tanto habíamos jugado en nuestra niñez entenderían que no tenía otra alternativa. Soy culpable de todos los crímenes que ustedes me imputan, no lo voy a negar, y sin duda conozco cual será mi destino, pero también quiero que ustedes sepan con certeza que más tarde o temprano pagarán por haberme privado de su tímida sonrisa para siempre bajo aquel manto de acero y plomo.
Say hello to your debutante
I´m not saying
That we should build a city of tears
All I´m saying is
I´m alone and consequently
Only my dreams
Satisfy the real need of my heart
I resist
Edwyn Collins
Orange Juice – Falling And Laughing
¿Podrías hacer algo por mí?
Estimar és engrandir el camp que el dolor pot recórrer en nosaltres. Quan l´amor és infinit, el camp del nostre dolor també ho és.
Amar es ensanchar el campo que el dolor puede recorrer en nosotros. Cuando el amor es infinito, el campo de nuestro dolor también lo es.
Francesc Pujols, La tardor barcelonina
The Jesus And Mary Chain – Sowing Seeds
La noche pasada soñé que me amabas (capítulo I)
Jeremías sabía que si quería olvidarla tan solo tenía un modo de lograrlo: huir. Además estaba harto del trabajo en la empresa de su padre, por mucho que éste le hubiera prometido un ascenso seguro, el tener que escanear mapas todo el día era demasiado para un chico cuyas únicas metas en la vida eran hacerse millonario y lograr el amor de su musa. En lo segundo no tenía ninguna posibilidad, ella ya tenía novio y encima vivía en el sur, y si hay algo que Jeremías no soportaba era el calor. Además, las reuniones de poetas no le atraían en absoluto y se preguntaba qué haría él rodeado de tantos jóvenes sensibles e hipocondríacos, y si le contagiaban la tuberculosis qué muerte más horrorosa le esperaba, vomitar sangre les puede parecer a algunos lo más pero a él sin duda no. En cuanto a lo primero, también lo tenía difícil, sobretodo dejando el puesto de enchufado de honor en la empresa, aunque no había que perder las esperanzas tan a la ligera. Así que cogió lo imprescindible, su manuscrito autobiográfico y “El Anti-Edipo” de Deleuze y Guattari para leer en el viaje, y pidió a su asistente que le hiciera la maleta y le comprara un billete de ida a Ginebra en tren. En realidad, Jeremías quería viajar hasta latitudes superiores, cuanto más lejos de su amor imposible mejor, pero antes quería despedirse de su abuela que vivía en esa preciosa ciudad. Una vez llegara a su destino, pensaba entregarse a la lectura de toda la literatura antiromántica que le fuera posible y a tomar duchas frías. No tendría teléfono móvil ni conexión a Internet, su blog “Haciendo el indio: todo lo que quisieron saber sobre Jeremías y no se atrevieron a preguntar”, en el que con cada entrada pretendía hacer creer a sus lectores que era descendiente de una dinastía real india, tocaba a su fin. Con ello pretendía abandonar su obsesión de consultar el blog de su amada a diario, mientras estaba escaneando en la oficina era su único consuelo pero ahora había que dejarlo todo atrás, incluso los bellos juegos de palabras que ella construía. Cuando llegó el día previsto, pidió a su chófer que lo acompañara a la estación y una vez allí cogió el tren destino a Ginebra. Sentado en su asiento pensaba, como es lógico, en ELLA y se lamentaba de su decisión pero había que ser consecuente y disciplinado como siempre le decía su padre. En frente suyo se encontraba quien compartiría con él todo el trayecto, sin duda un tipo peculiar, pensó Jeremías. Vestía chaqueta de franela azul celeste, camisa blanca y pantalones del mismo color, los dos de lino, y unos mocasines afelpados de color azul eléctrico. Pero lo curioso es que estaba leyendo un manual de lepidopterología y llevaba a su lado un cazamariposas. Cuando Jeremías le preguntó por su afición, el chico le respondió que le interesaban los insectos porque estaba preparando un poemario que giraba alrededor de ellos y la angustia existencial del poeta en la sociedad moderna. Entonces por qué llevaba un cazamariposas le insistió, a lo cual el joven literato contestó que era para cazar conceptos al vuelo. Con ello Jeremías dio por terminado su interrogatorio y le deseó un buen viaje.
The Monochrome Set – Eine Symphonie Des Grauens
Perdido y no encontrado
Dicen que siempre hay que realizar lo necesario antes de que se convierta en imprescindible y esencial. Eso debió pensar Bonifacio López aquella tarde de viernes cuando decidió que un poco de diversión no le haría nada mal. Tantos días encerrado en su cuarto preparando las oposiciones a veterinario podían ser garantía de un aprobado en los exámenes pero también de una úlcera gástrica más que segura, sobretodo teniendo en cuenta la dieta a base de cafés y demás estimulantes. Así que nuestro protagonista se puso a planchar sus pantalones tejanos con la raya bien recta, buscó su camiseta de Barrio Sésamo y le puso su chapa preferida con el logo Passion Victim, se calzó sus zapatillas punkies, se peinó lo justo, se perfumó un poco con la esencia de jazmín que le regaló su madre y se encaminó hacia el portal. Esa noche tocaban The Archers en una sala de Cornellá y como su música cáustica y dispersa le interesaba mucho se dirigió todo lo rápido que pudo hacia allí. Recordaba que cierto autobús hacía el recorrido desde el centro hasta esa periferia y aunque dudó en coger un taxi, sólo de pensar en la estúpida conversa que le esperaba con el conductor, al final desistió. Cuando llegó a la parada indicada oyó el canto de una curruca cabecinegra y incrédulo se puso a seguirla con la vista hasta que dio con ella. Qué pájaro tan curioso, pensó, qué debe hacer por aquí con este ruido, pobre insensato. Entonces llegó el autobús y rápidamente subió a él, menos mal que esta vez no tardó nada. Sin embargo nuestro colombino protagonista no se percató que en su intento de perseguir a la pobre curruca había ido a parar a la acera contraria y por tanto se dirigía en sentido opuesto. Mientras tanto, él iba anotando con sumo detalle en su libreta de notas el día, el lugar y la hora en que había presenciado a su preciado pajarito, el tiempo que hacía y la temperatura. También hizo un esbozo con su carboncillo del plumífero animal y lo firmó a un lado. Cuando despertó de su sueño ornitológico no había nadie más en el autobús y por los cristales no había rastro de urbe alguna. Al preguntar al conductor si iba a Cornellá, éste le respondió que se temía que no, era el último vehículo y se dirigía a las cocheras. Bonifacio puso cara de asombro y estupefacto se bajó allá mismo, a su alrededor pasaban los coches a velocidad vertiginosa y los esquivó como pudo. Guiándose por la Osa Mayor o lo que él creyó que era, llegó a una caserna de la Guardia Urbana. Al explicarles su situación le propusieron que cogiera otro autobús que paraba justo en la esquina, aunque no le podían asegurar que pasara a esas horas de la noche. Como todos sabemos, los agentes del orden son gente muy sabia y efectivamente no se equivocaban, el último hacía al menos media hora que había parado. Allí perdido, nuestro protagonista se encomendó a todos los satélites de posicionamiento global para que le ayudaran a escapar de ese laberinto. No podemos decir que éstos le escucharan pero una pareja de yonquis que deambulaban por allí sí. Cuando Bonifacio les preguntó si sabían como podía llegar a su hogar, éstos le respondieron amablemente que no se preocupara y les acompañara. Y así lo hizo, qué remedio.
La canción del colimbo
Il pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville;
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur?
O bruit doux de la pluie
Par terre et sur les toits!
Pour un coeur qui s’ennuie
O le chant de la pluie!
Il pleure sans raison
Dans ce coeur qui s’écoeure
Quoi! nulle trahison?…
Ce deuil est sans raison.
C’est bien la pire peine
De ne savoir pourquoi
Sans amour et sans haine
Mon coeur a tant de peine!
Paul Verlaine, Romances sans paroles
Mary Queen Of Scots – Evensong
El cielo a tu lado
Quisiera poder decirte todo lo que siento.
Quisiera escribir tu nombre en todas las paredes.
Quisiera soñar contigo en las noches de desvelo.
Quisiera oír los ecos de tu voz en la oscuridad.
Quisiera susurrarte tonterías al oído.
Quisiera escribirte versos simples.
Quisiera sentir dolor de tripas al verte.
Quisiera contemplar tu rostro sobre la almohada.
Quisiera conocer el éxtasis junto a ti.
Quisiera lamer la sangre de tus heridas.
Quisiera besar tus labios con ardor.
Quisiera leer tus poemas en alto.
Quisiera saltar contigo el precipicio.
Quisiera pensar que te merezco.
Quisiera no tener que pensar en ello.
Quisiera sentir tu juventud bajo mi piel.
Quisiera bailar techno alemán a tu lado.
Quisiera hacerte el amor en los campos de centeno.
Quisiera perderme contigo en los páramos.
Quisiera recogerte cuando cayeras.
Quisiera escuchar a The Orchids junto a ti.
Quisiera poder morir habiéndote amado lo suficiente.
Quisiera que nuestro amor no fuera del montón.
Quisiera que tú quisieras lo mismo.









