Regálame un beso por Navidad y no te molestaré más

Del centro del techo de la cocina, el viejo Wardle acababa de colgar con sus propias manos una gran rama de acebo, que inmediatamente dio lugar a una escena de lucha y confusión tan deliciosa como generalizada; en medio de la cual, el señor Pickwick, con galantería que hubiera hecho honor a un descendiente de la propia lady Tollimglover, llevó de la mano a la anciana bajo la mística rama y le dio su ósculo con todo decoro y cortesía.

La anciana se sometió a este aspecto de cortesía práctica con toda la dignidad propia de tan importante y seria solemnidad, pero las señoritas jóvenes, no estando tan completamente empapadas de veneración supersticiosa ante aquella costumbre, o imaginando que el valor del ósculo se eleva mucho si cuesta alguna molestia obtenerlo, chillaron y lucharon, y se metieron por los rincones, y amenazaron y se quejaron, y lo hicieron todo, menos marcharse, hasta que algunos de los caballeros menos atrevidos estaban a punto de desistir, cuando de repente encontraron ellas que era inútil resistir más, y se sometieron de buena gana a ser besadas. Winkle besó a la señorita de los ojos negros, y Snodgrass besó a Emily; y Sam Weller, que no tenía grandes escrúpulos en cuanto a la formalidad de situarse bajo la rama, besó a Emma y a las demás criadas conforme las iba sorprendiendo. En cuanto a los parientes pobres, besaron a todo el mundo, sin exceptuar siquiera a los elementos menos agraciados de las jóvenes invitadas, que, en el exceso de su confusión, se metieron debajo de la rama en cuanto se colgó, sin saberlo. Wardle estaba de espaldas al fuego, vigilando toda la escena con la mayor satisfacción; y el chico gordinflón aprovechó la ocasión y se apropió para su uso, y devoró sumariamente una empanada especialmente buena que se había puesto aparte para otra persona.

Luego los gritos habían pasado, y las caras estaban encendidas, y los rizos agitados, y el señor Pickwick, después de besar a la anciana, según se mencionó antes, estaba abajo la rama de acebo observando complacido todo lo que ocurría a su alrededor, cuando la damita de los ojos negros, después de un cuchicheo con las otras damitas, se adelantó repentinamente y, echando el brazo al cuello del señor Pickwick, le besó afectuosamente en la mejilla izquierda; y antes que el señor Pickwick supiera con claridad qué pasaba, quedó rodeado por todo el grupo y fue besado por todas ellas.

Charles Dickens, Los papeles póstumos del Club Pickwick

Louis Philippe – 13th Day Of Christmas

Diciembre 24, 2007. Uncategorized. 11 comentarios.

Os van a herir todos y cada uno de los días

El tiempo y el espacio parecían perder su significado y su brusquedad; los minutos se deslizaban con sosiego para convertirse en horas, y los prados y campos en barbecho se extendían hacia un segundo plano de manera suave e imperceptible. Los hierbajos que nacían del seto invadían el jardín, y los alhelíes y los arbustos decorativos contraatacaban con incursiones en el corral y el sendero. Las somnolientas gallinas y los solemnes y preocupados patos se encontraban tan a gusto en el jardín como en el huerto o en el camino; parecía que nada tenía asignado un lugar fijo; ni siquiera las puertas se encontraban a veces en sus goznes. Y sobre esa escena planeaba la sensación de una paz dotada de una esencia casi mágica. Por la tarde uno sentía que siempre había sido la tarde, y que seguiría siendo siempre así; en el crepúsculo sabía uno que jamás podía haber sido otra cosa más que el crepúsculo.

Saki, La paz de Mowsle Barton


Los espasmos han vuelto con más fuerza que nunca. No tengo epilepsia pero los síntomas son muy parecidos. Aunque soy consciente de cuál es su origen y el estímulo me es conocido, me dejo llevar por tal posesión. Mi subconsciente está embriagado de amor y por las noches me retuerzo en resquebrados movimientos asaltado por visiones de mi esotérica rosa búlgara. Tan solo calma mi alma el sueño de las palomas entre los muros de aquel anfiteatro romano y su melancólico arrullo rompiendo el ulular del viento de las colinas. Allá en lo alto diviso los tejados de las casas antiguas y la amalgama de colores de la ropa tendida ilumina cada uno de los recodos de mis entrañas. Tengo ganas de saltar, quiero saltar, pero yo sé que no debo hacerlo. La paz es un preciado tesoro, pero ese sosiego está bajo el baluarte de la muerte, y prefiero las embestidas de los caballos despavoridos a su abrazo. Temo cuál será su diagnóstico, sin embargo, creo estar preparado para oírlo.

François Le Blaireau, Cartas a un hermeneuta


Hoy me había propuesto escribir sobre un grupo de pop formado por dos chicas francesas que, por algún extraño motivo que se me escapa, viven en Londres. Pero es que en realidad conozco muy pocas cosas sobre ellas y yo quisiera conocer más, aunque quizás debería conocer muchas menos o simplemente no conocer nada de ellas. Incluso creo que preferiría pensar que en realidad no existen, que son una fantasía mía, que yo las inventé, que las bauticé Delphine y Rémi y que a su proyecto musical le puse el nombre de The Sunny Street. Una calle antigua, soleada, con naranjos cuya fragancia envolviera a todos los peatones que andaran por ella, algunos perdidos, otros con prisa, unos pocos cogidos de la mano de su pareja, los más pequeños corriendo detrás de la pelota y los mayores perdiéndose en semejante laberinto. Ellas compondrían tristes canciones de amor y las grabarían en su dormitorio, en cuyas paredes colgarían pósteres de los grupos de Sarah Records. Sus discos olerían a lavanda y, en sus sueños perfumados, Bernard Summer los produciría y Peter Greenaway les pediría alguno de sus temas para una banda sonora. Y tan solo darían un único concierto en toda su carrera, y sería a bordo de un barquito navegando por el río Garonne a su paso por Toulouse. Que así sea.

Greasy Crisps456

Diciembre 16, 2007. Uncategorized. 6 comentarios.

Es tan fácil amarla…

Oh you, you are the orchard of my eye

I couldn’t help but realize

you were standing in my way

And you, dream of rainbows in gray skies

Couldn’t help but recognize

I feel the way I do

And if we fall, we’ll fall together in the end,

Please don’t tell me I’m your friend

I am not your friend if you call

I’ll come stumbling to your side,

and by your side I will stay

They are the goons we shouldn’t fear,

Making faces breaking mirrors–

I wish that they’d just stay at home,


But while we’re on the outside looking in,

Let’s take pleasure while we can–

Because it’s coming to a head.

When we fall, we’ll fall together in the end,

Please don’t tell me I’m your friend

I am not your friend when you call

I’ll come stumbling to your side,

And by your side I will stay


… I am much more than your friend.

The Pains Of Being Pure At Heart – Orchard Of My Eye

Diciembre 13, 2007. Uncategorized. No hay comentarios.

L’amour à la française

Mais je ne pourrai jamais vivre sans toi

Je ne pourrai pas, ne pars pas, j’en mourrai

Je te cacherai et je te garderai

mai mon amour me ne quittez pas


Tu sais bien que c’est ne pas possible

(je ne te quitterai pas)

mon amour il faudra pourtant que je partes

tu sonra que moi je n’en pensai que toi

mais je sais que toi tu m’e attendra


2 ans 2 ans de notre vie

ne pleurre pas je t’en supplis

2 ans non je ne pourrais pas

calme toi et nous reste si peux de temps

ce peux de temps mon amour qu il ne faut ne pas gacher

il faut que essayer notre feuille

il faut que nous gardions de nous dernier moment

un souvenir en peut de tous

un souvenir qui nous rappelera dans la vie


j’ai tellement peur comme je suis seule

ne nous retrouveront en nous se ronde femme

tu connaitrera d’autre femme et m’oubliras

je t’aimerais jusque a le fin de ma vie


Guilles je t’aime, me ne quittez pas


Mon amour…. me ne laissez pas


Viens, viens, mon amour, mon amour

Peter Parker Experience – Devant le garage

Diciembre 10, 2007. Uncategorized. 3 comentarios.

Lent et douloureux, doux et amoureux

¿Puedo pasar? Gracias. Vale, te sigo. Qué silencio. Cómo se mueve tu cadera, me hipnotiza su vaivén. Andas como las modelos pero no pareces una modelo, más bien… Me gusta tu sonrisa, si no fuera tan falsa, aunque no lo parece, pero lo es. Esa mirada crepuscular va a despertar al señor caprichoso… mira que voy embriagado de amor amargo y rancio, desperdiciado ya sabes. Pero no quiero más juegos… no ahora [¿qué haces aquí, entonces?]. Oye, sabes, que no me apetece; da igual, no importa; bueno, me tomaré una ducha; luego vuelvo; ¿que me esperas?; de acuerdo. Me duele la tripa, voy a vomitar… Qué asco de colonia me he puesto, no me pega nada. No me haga quedar mal, señor… [has bebido demasiado, capullo] Ostia, venga ya… Paso de ducharme, el agua está fría. ¿Dónde te has escondido, mi orquídea salvaje? Pero no me pegues estos sustos, joder. Vale, ahora abrázame. Tu pelo huele a chocolate. No me gustan tus cejas, no debieras depilártelas así… Ponte las máscara, yo me pondré la mía. Miau. Miau. ¡Grrrr! ¡Ajá! ¡Oh, sí! Túmbate. Te beso en la hendidura del melocotón –ai, H. H.-; no me mires, por favor; no me mires; lo siento; no puedo, no puedo; que no lloro; déjame, déjame te digo; no pongas esa cara, ¿no has tenido bastante todo el día?; pasa de la mierda esa, no te metas eso niña, por favor, no ahora; eres una estúpida, joder, niña tonta, niña tonta; ¡salta la tapia! ¡sáltala! te la pegaste, te la pegaste… Salgamos de aquí, ven, huyamos los dos. Vayamos a un hotel, no quiero volver a casa, simplemente no quiero. Sabes, parecemos dos animales atropellados en la carretera, qué gracia… jajaja. Era broma, tonta. Necesitas un retoque de pintalabios, déjame a mí. ¿Por qué cierras los ojos? No te voy a besar, no ahora por lo menos. No ves que nos están mirando. ¿Quiénes? Ellos, siempre ellos.

The Cannanes – Take Me To the Hotel Johanna (and Let´s Trash the Joint)

Diciembre 6, 2007. Uncategorized. 2 comentarios.

Un conjuro que me lleve hacia ti (tercer intento)


Esmé se puso de pie.

-”Il faut que je parte aussi” -dijo, suspirando-. ¿Usted habla francés?

Me puse de pie con una mezcla de confusión y pesar. Esmé y yo nos dimos la mano; la suya, como había sospechado, era una mano nerviosa, con la palma húmeda. Le dije, en inglés, cuánto había disfrutado de su compañía.

Asintió con la cabeza.

-Pensé que sería así –dijo-. Soy bastante comunicativa para mi edad-. -Se tanteó otra vez el pelo-. Lamento mucho lo de mi pelo –dijo-. Debo tener un aspecto horrible.

-¡En absoluto! Creo que las ondas se están formando de nuevo.

De nuevo se tocó rápidamente el pelo.

-¿Cree que volverá aquí en un futuro inmediato? -preguntó-. Venimos todos los domingos, después de los ensayos del coro.

Contesté que nada hubiera podido resultarme más agradable, pero que, por desgracia, estaba seguro de que ya no volvería.

-En otras palabras, no puede hablar sobre movimientos de tropas -dijo Esmé.

No hizo ningún ademán de alejarse de la mesa. Sólo cruzó un pie sobre el otro y, mirando hacia abajo, alineó las puntas de los zapatos. Fue un hermoso gesto; ya que llevaba calcetines blancos, y sus pies y tobillos eran encantadores. De pronto me miró.

-¿Le gustaría que yo le escribiera? -dijo, con las mejillas ligeramente ruborizadas-. Escribo cartas muy bien redactadas para alguien de mi…

-Me encantaría -dije. Saqué lápiz y papel y anoté mi nombre, grado, matrícula, y número de correo militar.

-Yo le escribiré primero -dijo ella tomando el papel-, para que usted no se sienta comprometido en modo alguno. -Guardó la dirección en un bolsillo del vestido-. Adiós -dijo, y volvió a la mesa.

J. D. Salinger, Para Esmé, con amor y sordidez

Brighter – I Don´t Think It Matters

Diciembre 2, 2007. Uncategorized. 8 comentarios.