An Arundel Tomb

Side by side, their faces blurred,
The earl and countess lie in stone,
Their proper habits vaguely shown
As jointed armour, stiffened pleat,
And that faint hint of the absurd -
The little dogs under their feet.
Such plainness of the pre-baroque
Hardly involves the eye, until
It meets his left-hand gauntlet, still
Clasped empty in the other; and
One sees, with a sharp tender shock,
His hand withdrawn, holding her hand.
They would not think to lie so long.
Such faithfulness in effigy
Was just a detail friends would see:
A sculptor’s sweet commissioned grace
Thrown off in helping to prolong
The Latin names around the base.
They would not guess how early in
Their supine stationary voyage
The air would change to soundless damage,
Turn the old tenantry away;
How soon succeeding eyes begin
To look, not read. Rigidly, they
Persisted, linked, through lengths and breadths
Of time. Snow fell, undated. Light
Each summer thronged the glass. A bright
Litter of birdcalls strewed the same
Bone-riddled ground. And up the paths
The endless altered people came,
Washing at their identity.
Now, helpless in the hollow of
An unarmorial age, a trough
Of smoke in slow suspended skeins
Above their scrap of history,
Only an attitude remains:
Time has transfigured them into
Untruth. The stone fidelity
They hardly meant has come to be
Their final blazon, and to prove
Our almost-instinct almost true:
What will survive of us is love.
Philip Larkin
Oh Pamela

Pamela Berry. Pam Berry. Este nombre es sinónimo de una de las voces más elegantes y privilegiadas del pop independiente y de singles maravillosos e inolvidables. Hace tiempo hablé de su grupo quizás más conocido, los Glo-worm, pero como ya comenté, Pam ha estado en muchas otras bandas, todas de vida efímera. De ellas, mi favorita son sin duda The Shapiros (claro homenaje a la gran Helen Shapiro), grupo que apenas tuvo un mes de vida, concretamente septiembre de 1994. El caso es que coincidió que un amigo australiano de Pam, ni más ni menos que Bart de los Cat´s Miaow –una de las primeras bandas que traté en el blog-, pasaba el verano en los Estados Unidos y se acercó a Washington DC, donde entonces vivía Pam; y a su vez, Scott, otro amigo que tocaba en el grupo enigmático Veronica Lake –qué actriz, qué mirada- también se había traslada hasta la capital. Total, que pensaron que sería una gran idea componer algunas canciones y grabarlas como recuerdo, acompañados de Trish, una amiga de Pam (es que es muy tímida, se lo digo yo que la vi en Londres hace unos años :). Y eso es lo que hicieron durante dos o tres semanas con Archie, de Velocity Girl y mil grupos más (otro que tal), a los controles. De entre todos los temas que surgieron de esas sesiones, se quedaron con doce, uno de ellos una brillante versión del clásico Will you still love me tomorrow de Gerry Goffin y Carole King, que fueron apareciendo en algunos singles y recopilatorios y, años más tarde, en un disco resumen de toda su “carrera”. Desde entonces los finales de verano, las tardes aburridas de domingo en las que uno se pregunta cuándo aparecerá ella o aquellos momentos en los que uno espera esa llamada que nunca llega ya tienen la música que los ilustre. Quien no se conforma es porque no quiere.
The Shapiros – Do you know (de Do you know 7” y The Shapiros CD)
The Shapiros – Gone by fall (de Shapiros and Pencil Tin 7” y The Shapiros CD)
Cul de sac

Ando a oscuras por los pasillos de la casa, despacio, abriendo las diferentes puertas. Con el tacto sobre las paredes frías me guío pero tengo miedo de chocar con algún marco. Apenas entra algo de luz por entre las persianas cerradas y ya no sé si es de día o de noche. Cierro los ojos para poder recordar cómo estaban distribuidas las diferentes habitaciones y las imágenes se pueblan de figuras que se superponen y se confunden dentro de mí. Me asusto y abro los ojos, mis pupilas se dilatan y fijan la mirada en el fondo del pasillo. El corazón palpita cada vez más fuerte y la respiración se entrecorta a ratos. No entiendo qué está ocurriendo. Doy vueltas y más vueltas sin dirección alguna, busco algo pero no recuerdo el qué. Si tú lo sabes dímelo, debes decírmelo. Duermes, no me oyes. Estás soñando, oigo tu voz pero no logro descifrar tus palabras. Das vueltas, hacia un lado y hacia el otro. Me estiro junto a ti y te cojo la mano. Estás helada, también tienes frío. Despierta, te digo. Abre los ojos y mírame. Venga, vuelve conmigo. Salgamos de esta casa. Si andamos descalzos nadie nos oirá y podremos huir. Tienes que venir junto a mí. Sígueme, no te haré daño. Duermo. Duermes. Estamos atrapados en espirales de sueños. No basta soñar, dicen. Solo los muertos se conforman con soñar. No-muertos, eso es lo que somos. El aire gélido e invernal nos oprime, nos hunde y caemos hacia algún abismo. Te cojo de los dedos de los pies pero poco a poco te pierdo. Nos perdemos. Nos hemos perdido. Adiós, amor. Adiós.
Javiera Mena – Sol de invierno
Amor post-industrial

Anoche estuve escuchando un disco que hacía muchos años que tenía olvidado. Cuando salió publicado, allá por el año 1996, recuerdo que lo ponía prácticamente todos los días antes de acostarme y las canciones se convirtieron en algo muy especial e íntimo. Desde entonces no lo había vuelto a escuchar más porque quería guardar el recuerdo de lo que significó para mí y temía que ya no me gustara o que las imágenes que yo asociaba con esa música ya estuvieran amarilleadas. Pero el caso es que ayer me apetecía arriesgarme y probar qué sensaciones me produciría la escucha del único disco que publicó el grupo Shoestrings, el dúo formado por Mario Suau y Rose Uytuico, en el sello norteamericano Le Grand Magistery. Obviamente, con ese nombre, ya podrán imaginar que no se trata de ningún grupo de metalcore ni de post-rock, y están en lo cierto porque lo que hacían estos chicos era pop confesional rollo qué bonito es estar enamorado de alguien tan fantástico/a como tú y qué feliz se siente uno/a junto a ti. Para ejemplificarlo gráficamente, en la portada aparecían abrazados demostrando cuánto se amaban. Vaya que entraba ganas de coger el cd y someterlo a toda clase de pruebas para probar su solidez y su resistencia. Y yo además pensaba, “total, tanta pose y tanta tontería, para cuatro días que vais a durar”. Y cuánto me alegro ahora de haberme equivocado, porque después de doce años Mario y Rose siguen juntos y además componiendo música bajo el nombre de Invisible Twin y ya tienen preparado un disco que saldrá este año en el mismo sello Le Grand Magistery. Pero volviendo a los Shoestrings, sus canciones eran un tributo a grupos de Sarah Records como Field Mice, Northern Picture Library y Blueboy y también a los The Wake etapa Factory Records, y en ocasiones las similitudes eran más que evidentes. Sin embargo, había algo que les distinguía de todos estos grupos y que para mí es lo que daba valor a su música. Quien haya escuchado a los grupos de Sarah Records -en este mismo blog pueden disfrutar de varios de ellos- sabrá que la visión que tenían del amor era muy victoriana, todo era muy puro y casto y parecía como si el sexo para ellos fuera algo sucio y feo. Y a mí eso me molestaba bastante, a pesar de que se trata de mi sello favorito y mi educación sentimental tiene una profunda base en esas canciones, y nunca entendí ese recatamiento. Con ello tampoco quiero decir que las canciones de los Shoestrings traten sobre el sexo anal y el onanismo, pero de su música se desprendía una sensualidad, una carnalidad que ciertamente los acercaba más a The Wake y los distinguía de Bob Wratten y compañía. Yo que soy un voyeur en potencia, podía imaginármelos amándose en sentido amplio y ese exhibicionismo me resultaba sumamente placentero. Escuchando sus canciones sentía como en las gélidas noches de invierno de ese Detroit sucio e industrial, bajo el nórdico y las sábanas, los dos enamorados se entregaban al arte amatorio mayúsculo mientras yo volaba hasta el dormitorio de mi trémula amada y le besaba ese sexo que se abría como la flor del magnolio mientras ella acariciaba con sus labios el resbaladizo tronco. Anoche volví a escuchar el disco y ciertamente ya no volé hasta ninguna alcoba, pero los temas de Wishing on planes volvieron a hacerme placentero ese corto instante que va desde que Rose canta “Wake me when it´s over” y Mario canta “I heard you´d gone South somewhere / Where are you? / Where are you?”.
Noches en duermevela

Lay your sleeping head, my love,
Human on my faithless arm.
W. H. Auden
Vi en concierto a Innes Phillips hace unos años en una sala de mi ciudad que parece un polideportivo de instituto. Formaba parte del cartel de un festival que duraba una única jornada y a él le tocó actuar de los primeros. Claro, cantautor británico, melancólico, tímido, con solo unos pocos singles en vinilo en su haber, pues lo metemos al comienzo y como todo el mundo llegará tarde pues tampoco pasará nada. Bien, efectivamente The Relict -que es el nombre bajo el que se esconde este chico- actuó delante de veinte personas a lo sumo, pero los que le presenciaron seguro que no olvidarán ese concierto en su vida. De hecho, me atrevería a decir que incluso cuando empezó no había nadie en el escenario, pero ese silencio se mantuvo durante todo el concierto de manera casi solemne, y tristemente eso sucede en contadas ocasiones. Innes formó parte de los reconocidos The Clientele en sus comienzos y, de hecho, en sus grabaciones participaron siempre sus antiguos compañeros. Por eso no es de extrañar que la música de ambos sea tan parecida, aunque la propuesta de The Relict es si cabe aún más intimista e introspectiva. Recuerdo también que en un concierto de The Clientele que tuvo lugar en una pequeña tienda de discos, en el cual presentaban su primer disco, rompí a llorar ya en el primer tema y no paré prácticamente hasta el último. El chico de la tienda me pudo ver y acabado el concierto me preguntó si me había gustado, y lo cierto es que los he visto luego muchas veces pero ese día fue realmente especial. Pero he de confesar que en gran parte las lágrimas se debieron a una alergia primaveral por culpa del polen de los plátanos que hasta hace relativamente poco dominaban las calles de mi ciudad. Sin embargo, en la actuación de The Relict también lloré pero esa vez las lágrimas no brotaron debido a ninguna reacción alérgica sino por la belleza casi espectral que destilaba de la voz y la guitarra de Innes. Como si un Nick Drake adolescente se tratara, fue tocando una a una sus canciones, sin ninguna presentación, terminó la última, nos dio las gracias por haber acudido y se fue. No hubieron bises, claro. Después de tres singles propios y dos compartidos -uno en Elefant Records, quizás el mejor-, publicó su único álbum en el año 2003. Desde entonces nada. Esperamos y esperamos pero no tenemos noticias de Innes, sabemos que está en Australia pero poco más. Mientras tanto sus canciones siguen acompañándonos en esas noches que pasamos en duermevela, junto a los poemas órficos y las esferas celestes que se cuelan por entre la ventana.
The Relict – I Saw Your Eyes Today (de Off Church Street Ep)
The Relict – The words we knew (inédita)
The Relict – The night that changed our minds (de Southern way Ep)
The Relict – Sweeten your eyes (de Along the avenue Ep)
… los títulos lo dicen todo…
Solo soy feliz cuando llueve

Hoy no ha parado de llover en todo el día. Me gusta la lluvia, la gente pasa sin mirarte y hay poco tránsito. Hasta los dulces saben más dulces. Uno puede refugiarse en un cine o ir a la biblioteca a ojear cómics. No es necesario ir afeitado ya que el paraguas oculta tu rostro. Puedes estar más horas de las debidas frente al ordenador escribiendo sin tener remordimientos. Puedes imaginar que estás en Londres y has quedado con aquella chica tan cute para escuchar unos vinilos que te han llegado de Vancouver, donde casi siempre también llueve. Hi, you look nice in this tight sweater. Puedes acostarte tarde y levantarte más tarde aún; hay que ir a trabajar, pero qué más da. Puedes escuchar como las gotas de lluvia golpean el plástico del tendal creando curiosos microrritmos, mientras lees cuentos de Chéjov o de Saki. Puedes beber vino blanco, para qué agua mineral, si aún fuera agua de lluvia de las islas Fiji… Puedes pensar tonterías como qué sucedería si un día te levantaras y hubieras perdido tu pene y no lo encontraras por ningún lado. Puedes imaginar un mundo en el que no hubiera ni perros ni gatos, con una perrita cocker spaniel de pelo gris rizado y flequillo cortito o una gata blanca caprichosa y esbelta ya me bastaría. Puedes contemplar la fotografía de tu amada o el póster de Dolores en biquini tomando el sol y verte reflejado en sus ojos. Pero sobretodo, lo que más me gusta hacer en los días lluviosos es pensar que todo el mundo los está odiando mientras yo me lo paso pipa. Ja.
Cara de Liebre

La hija de la vecina no es más alta que nosotros, pero sí algo mayor. Durante el día mendiga por el pueblo, delante de los cafés y en las esquinas de las calles. En el mercado coge las verduras y las frutas podridas que tira la gente y se los lleva a casa. Roba también todo lo que puede. Hemos tenido que echarla varias veces de nuestro jardín, donde intenta quitarnos fruta y huevos.
Una vez la sorprendemos bebiendo leche, chupando la teta de una de nuestras cabras.
Cuando nos ve, se levanta, se seca la boca con el dorso de la mano, retrocede y dice:
-¡No me hagáis daño!
Añade:
-Corro muy deprisa. No me cogeréis.
La miramos. Es la primera vez que la vemos de cerca. Tiene el labio leporino, bizquea, lleva la nariz llena de mocos y tiene costras amarillas alrededor de los ojos rojos, y las piernas y los brazos cubiertos de pústulas.
Dice:
-Me llaman Cara de Liebre. Me gusta la leche.
Sonríe. Tiene los dientes negros.
-Me gusta la leche, pero lo que más me gusta es chupar la teta. Está buena. Es dura y blanda a la vez.
Nosotros no contestamos. Ella se acerca.
-También me gusta chupar otra cosa.
Adelanta la mano, nosotros retrocedemos. Ella dice:
-¿No queréis? ¿No queréis jugar conmigo? Me gustaría mucho. Sois tan guapos…
Baja la cabeza. Dice:
-Os doy asco.
Nosotros decimos:
-No, no nos das asco.
-Ya lo veo. Sois demasiado jóvenes, demasiado tímidos. Pero conmigo no debéis tener vergüenza. Os enseñaré juegos muy divertidos.
Le decimos:
-Nosotros no jugamos nunca.
-¿Entonces qué hacéis todo el día?
-Trabajamos y estudiamos.
-Yo mendigo, robo y juego.
-También cuidas a tu madre. Eres una buena hija.
Ella dice, acercándose:
-¿De verdad os lo parece? ¿De verdad?
-Sí. Y si necesitas alguna cosa para tu madre o para ti, no tienes más que pedírnosla. Te daremos fruta, verduras, pescados y leche.
Ella se pone a gritar:
-¡No quiero vuestra fruta, vuestro pescado, vuestra leche! Todo eso lo puedo robar. Lo que quiero es que me queráis. Nadie me quiere. Ni siquiera mi madre. Pero yo tampoco quiero a nadie. ¡Ni a mi madre ni a vosotros! ¡Os odio!
Agota Kristof, El gran cuaderno (en Claus y Lucas)
Chicas enamoradas

Siempre me han parecido poco creíbles las cantautoras altas, delgadas y atractivas que hacen ver que son tímidas, ingenuas y frágiles. A la memoria me viene por ejemplo Isobel Campbell. Y también me recuerda a un cuento de los del comienzo de Katherine Mansfield cuya protagonista era extremadamente delicada y la narradora no la soportaba y la ponía a caldo. Siento no poderles decir el título porque el libro lo tengo en casa de mis padres y mi memoria para estas cosas no es muy buena. El caso es que el rollo este de chica virginal, hipersensible, capaz de tirarse a un lago si el novio la abandona y de desmayarse a la más mínima funciona en los cuentos victorianos y en las novelas góticas pero en la actualidad huele a farsa por todos los lados. Claro está que a los chicos nos pone que una rubia de larga melena y vestido de gasa nos mire parpadeando con unos enormes ojos acuosos -lágrimas artificiales, siempre-, supongo que nos ponemos en la piel de Lancelot, Perceval o Tirant lo Blanch y nos imaginamos cabalgando por páramos pintados de brezos. Pero normalmente estas Ginebras y Carmesinas suelen ser de aspecto bien distinto y casi siempre invisibles para los chicos no experimentados. Son chicas cuya discreción esconde un tesoro, el cual pocos se atreverán a buscar. Tímidas, de voz dulce y habla pausada, muchas veces con flequillo, con anchas caderas y enorme corazón, escondiendo la mirada detrás de un libro, siempre fueron aquellas compañeras del colegio o del instituto que nadie recuerda, a las que todos pedían los apuntes porque su letra se entendía y utilizaban muchos colores para estructurar el contenido, y que siempre te sonreían cualquier tontería que dijeras -aunque pensaran qué estúpidos que son los chicos-. Esas chicas son las más sensibles y delicadas que he conocido nunca -salvo una excepción- y a veces me pregunto qué puñetas hacía sublimando a aquella que tenía unas voluptuosidades tan generosas como las que aparecían en las revistas americanas, en vez de prestar atención a la que se sentaba justo en frente mío y colocaba hojas con margaritas entre mis apuntes en las que escribía frases bonitas, y cuando mi compañero y yo comentábamos nuestras fantasías de física mecánica se giraba y nos miraba con cara como diciendo “pero ya estáis otra vez babeando con esa estúpida”. Claro que ella no me invitó a bailar en ninguna fiesta de fin de curso, aunque seguramente tampoco me hubiera dejado a los quince minutos por el italiano de turno quince años mayor.
The Local Heroes – The years to come
Què farem de tu?

Bueno, no sé qué decirles, de repente he sentido la necesidad de volver a esas canciones tontorronas, tiernas, llenas de honestidad, compuestas y tocadas con todo el corazón y compartirlas con ustedes. Últimamente está habiendo un auge del single de vinilo y, a pesar de que yo ya no estoy muy pop, no puedo más que alegrarme. Sellos como Cloudberry, Elefant, Atomic Beat -sí, mi amada atomic beat girl, ellos también adoran a Helen Love-, Slumberland y Shelflife están publicando auténticas maravillas a 45 rpm y nadie debería perdérselas. Aunque soy consciente que no todos pueden disponer de giradiscos, pero para eso estamos nosotros. A pesar que no tengo tiempo para convertir las canciones de vinilo a mp3, espero que los sellos me cedan alguna canción en ese formato para poderla colgar en el blog, ya veremos. De todos modos, los chicos de Atomic Beat Records, que son muy majos y muy listos, han tenido la brillante idea de regalar los temas en formato digital a aquellos que compren el vinilo, y encima están que se salen, si no me creen compren el single compartido entre The Paralellograms (verano, huelo a verano…) y The Pains of Being Pure At Heart y ya me dirán. Pero, de momento, tiraremos del hilo y nos iremos hasta comienzos de los ochenta para escuchar una canción que, por casualidad, hoy ha florecido en mis manos y, como es prácticamente imposible de obtener y a su vez una auténtica maravilla, le permitiré que dé comienzo a esta nueva etapa. Se trata de Something to do, compuesta por el grupo Buba and the Shop Assistants y que era la cara A de su único single publicado en noviembre de 1984. Poco después, los jovencísimos miembros del grupo, Annabel Wright (voces), David Keegan (guitarra), Sarah Kneale (bajo), Laura MacPhail (batería), seguirían como The Shop Assistants. Bueno, menos Annabel (más conocida como Aggi), que entraría a formar parte junto a su novio Stephen de The Pastels. Pero, aunque ambos grupos son clásicos del indie-pop de siempre y compusieron canciones que son auténticos himnos para los que adoramos el sonido de la joven Escocia, me atrevería a decir que jamás lograron la magia que para mí destila esa pequeña gran canción. Aunque esto es mera opinión personal. Sin embargo, creo que gente como Miguel y Eva ex-Fresones Rebeldes deben opinar lo mismo, porque su nuevo proyecto llamado M.A.L. suele versionearla en directo, además en castellano, y la tienen colgada en su myspace. Por cierto, el próximo sábado 19 de Abril quien quiera -yo, por ejemplo- podrá verlos en la segunda fiesta organizada por La Fonográfica General (sala Monasterio) que básicamente son unos chalados cuyo objetivo según sus palabras es “Hacemos una fiesta y nos ponemos hasta la patilla. La recaudacion la invertimos en la edicion de singles de vinilo de 7″. Los regalamos a los asistentes de la siguiente fiesta… y vuelta a empezar.”. Lo dicho, o unos angelitos o unos zumbados.
Buba and the Shop Assistants – Something to do
