Lirio entre cardos

Sentado en la cama con la espalda apoyada en la pared, C73 fumaba un cigarrillo tras otro mientras iba echando las colillas en un jarro en el que descansaban unos lirios marchitos. La cama y el jarro, junto con unos cojines, una mesa y una silla, eran los únicos elementos que decoraban la estancia. El resto del mobiliario, incluido el escritorio, lo había tenido que vender para poder costearse los caros medicamentos. En el jardín se oían las golondrinas que preparaban su marcha hacia zonas más benignas y a los niños jugar en la plaza. El frío y el aburrimiento ya empezaban a hacer mella y poco a poco Vilafranca del Bierzo se iba convirtiendo en aquello que más detestaba C73, una reliquia de un pasado ciertamente más glorioso. Las pocas familias que veraneaban en la ciudad ya hacía días que habían vuelto a su obligaciones y deberes y en las calles ya solo paseaban los mismos de siempre. C73 se levantó y cogió de encima de la mesa una carta, una revista de cine y unos lápices. Junto a ellos también se encontraban los informes de la Operación Moucho, papeles que al igual que la carta quedarían sin abrir durante bastantes años después de la muerte de quien los redactó. Ojeó un poco la revista, en la que aparecía un artículo sobre Romy Schneider, recortó una foto en la que salía ella junto a El Cordobés, dibujó sobre su cara unas lágrimas y, con la punta del cigarrillo, quemó el rostro del famoso torero, para luego hacer una bola y lanzarla contra la ventana. Poco después se puso a llorar. Era consciente que de esa misión no iba a salir con vida. Los medicamentos no calmaban la fiebre y cada vez estaba más débil. Se preguntaba qué estaría haciendo G., con quien se encontraría, quizás con su hermana en la casa de Soria. Esto lo entristecía aún más, ya que recordaba aquel verano en que G. lo invitó al coto de caza de la familia y como se excusaban con cualquier tontería para quedarse a solas los dos. Mientras C73 leía alguna novela de la biblioteca, C. aprovechaba para dibujar a su amante en etéreas acuarelas. A veces, cuando el calor apretaba, subían hasta la ermita abandonada y en la sombra del tejo hacían el amor sin que nadie los viera, como si en alguna otra vida hubieran sido unos pobres eunucos. C73 llevaba algunos años recopilando información sobre G. para La Central, pues se creía que éste era uno de los distribuidores de cocaína más importantes de la Rías Bajas. Las sospechas tristemente eran ciertas pero los informes de C73 nunca llegaron a los agentes de Madrid, con lo cual decidieron investigarle también a él. C73 cometió varios errores pero el más grave fue no darse cuenta de que se estaba enamorando de alguien que lo iba a utilizar para sus propios intereses. Los dos se habían conocido en una fiesta que celebró un famoso tasador de obras de arte de San Sebastián, al cual G. proporcionaba piezas desde Sudamérica. C73 quedó cautivado por su belleza al instante, mientras aquel lirio entre cardos dejaba que lo sedujeran con estudiada indiferencia. Se decía que era hijo de un importante industrial leonés y que había estudiado economía e historia del arte en París. Cuando se lo presentaron, C73 le comentó si no le sería más sencillo importar orquídeas desde Venezuela y G. no pudo evitar sonreír. Aquella velada la pasarían conversando sobre arte, piedras preciosas y caballos y la terminarían desnudos en el hotel donde se hospedaba G. contemplando el rayo verde. Aún en la cama, C73 cogió la carta, la estrechó junto a su pecho, lugar donde había protegido celosamente durante años su pistola automática, se cubrió con las sábanas y cerró los ojos, abatido.

The Lotus Eaters – The first picture of you


Agosto 27, 2008. Uncategorized. No hay comentarios.

-¿Vamos al cine a ver una de acción y luego al burger? -Qué romántico eres…

Agosto 24, 2008. Uncategorized. 4 comentarios.

Yo a los Apalaches, tú a la cama

No me gusta hacer la siesta, ya sé que es recomendable para mantenerse joven y lleno de entusiasmo, que los brasileños después de comer hacen la siesta en el trabajo, los pequeñajos también -yo hacía ver que dormía pero en realidad maldecía a todos mis compañeros y a la profesora en sánscrito- y los ancianos igual. Sin embargo yo prefiero otras actividades como soñar, lavar los platos mentalmente, beber cerveza, leer cosas ligeritas y escuchar música pop que no me sobresalte demasiado. Para ello, además, hay un grupo de Cleveland, cerca de los Apalaches a la izquierda, por encima de Carolina del Norte y por debajo del Canadá, más o menos, que se llama Afternoon Naps, cuya música es bastante apropiada para hacer la digestión y reposar cuando apreta el calor. Son un quinteto -llegaron a ser un sexteto, resulta que echaron a la rubia que tocaba la trompeta o se fue ella- formado por cuatro chicos y una chica y ninguno de ellos ha sido pionero de la aviación ni astronauta, aunque de todos modos parecen simpáticos e inofensivos. Que yo sepa no pertenecen a ninguna secta ni al KKK ni a la Cienciología y en sus canciones no hay mensajes ocultos ni letras satánicas, vaya que son muy normalitos, aunque nunca se sabe… Como estaban muy aburridos allí arriba, con tanto verde y tanta agua, decidieron componer algunas canciones, grabarlas y editarlas ellos mismos en su propio sello The Instant Disco Recording Company. Para hacer la portada pillaron a un tipo que yo directamente lo echaba al lago Erie junto con su Mac y crearon su propio Myspace. Listos para triunfar. Ni de coña, claro, pero al menos llamaron la atención del olfateador de talentos más avispado de los EEUU, que en realidad es peruano y se llama Roque, quien les ofreció la posibilidad de sacar un CD 3” en su sello Cloudberry Records, radicado en Miami por ahora aunque en un futuro probablemente esté radicado en Lund, Suecia, por motivos que aún no transcenderán pero que podrían, repito podrían, estar relacionados con… (ai que se me está terminando la batería)… En resumen, grupo de pop que no tiene que ver absolutamente nada con el folk apalachiano ni con el bluegrass, para alivio de todos ustedes y mío, con teclados bien saltarines -los toca la chica- y melodías alegres y soleadas. Vaya, canciones de esas que le pueden gustar a tu abuela, a tu madre e incluso a la suegra.

Afternoon Naps – The sun ain´t the same

Afternoon Naps – Can´t stop the weather

Afternoon Naps – Postcard


Agosto 23, 2008. Uncategorized. 1 comentario.

Des que et conec és com Estiu


u_mä – estiu




Nua

Volgueres que et besés sota l´aigua

I el teu crit ofegat silencià el desmai

Nu

Mentre el roig brollava entre les cuixes

Tenyint boscos d´anèmones i de corall.


Agosto 19, 2008. Uncategorized. 2 comentarios.

No me llames cariño



-No te vayas, Phil. Me estoy portando bien, no he llorado, ni te he reprochado nada…

La cabeza redonda de Vinca, junto con su pelo recto y sedoso, rodó por el hombro de Philippe, que sintió cómo el calor de una mejilla calentaba la suya.

-Bésame, Phil, por favor, por favor…

La besó, mezclando con su propio placer la torpeza de su extrema juventud -preocupado sólo por saciar sus propios deseos- y el recuerdo demasiado nítido de otro beso, que le habían robado sin que él lo pidiera. Reconoció contra sus labios la forma de la boca de Vinca, el sabor que le quedaba de la fruta mordida hacía un rato, la prisa que tenía esa boca por abrirse, por descubrir y prodigar su secreto, y se tambaleó en la oscuridad. “Espero -pensó- que ya nos hayamos perdido. Ojalá nos perdamos; tiene que ser así, ella no va a consentir, nunca, que suceda de otra manera… Dios mío, qué inevitable y profunda es la boca de Vinca, y qué sabia es al primer contacto… Perdámonos, rápido, rápido…”

Pero la posesión es un milagro trabajoso. Un brazo impetuoso, del que era imposible desembarazarse, aprisionaba la nuca de Philippe. Él sacudía la cabeza para intentar quitárselo y Vinca, pensando que Philippe quería dejar de besarla, lo estrechaba todavía con más fuerza. Por fin Philippe consiguió cogerla de la muñeca, que tenía pegada a su oreja, y tumbarla sobre el lecho de sarraceno. Ella emitió un breve gemido y dejó de moverse, pero en cuanto Philippe se echó, avergonzado, sobre Vinca, ella lo volvió a sujetar y a estrechar contra su cuerpo. Se dieron entonces una tregua agradable, casi fraternal, en la que cada uno tuvo hacia el otro un poco de piedad, y la afabilidad y discreción de los amantes experimentados. Philippe sujetaba con un brazo a una Vinca invisible, tumbada boca arriba, mientras que con la otra mano acariciaba su piel, cuya suavidad e imperfecciones, dibujadas en relieve por las espinas y las puntas de las rocas, conocía muy bien. Por un momento Vinca intentó reírse, suplicándole en bajo:

-Deja en paz ese arañazo… El sarraceno es tan suave…

Pero Philippe, por su voz, notó que le temblaba la respiración y él también tembló. Volvía sin cesar a lo que menos conocía de ella, su boca. Luego, mientras recuperaban el aliento, tomó la decisión de levantarse de un salto y volver corriendo a casa. Pero, al separarse de Vinca, sufrió un ataque de necesidad física, de horror al aire fresco y al vacío de sus brazos, y regresó a ella con un impulso que ella imitó y que dejó pegadas sus rodillas. Encontró entonces la fuerza suficiente para llamarla “cariño” con un tono humilde, un tono con el que le suplicaba que aceptara y al mismo tiempo olvidara lo que estaba intentando conseguir de ella. Ella lo entendió y sólo manifestó un mutismo exacerbado, quizá excesivo, una prisa que le produjo dolor. Philippe oyó un débil gemido de rebelión, recibió alguna que otra coz involuntaria, pero el cuerpo con el que estaba luchando no huyó, y él renunció a cualquier tipo de clemencia.


Colette, El trigo verde


Marine Girls – All dressed up


Agosto 19, 2008. Uncategorized. No hay comentarios.

Ésto es música silenciosa para chicos y chicas que susurran dulces melodías

Me gusta la gente que habla bajo, como si lo que te estuvieran contando fuera un secreto o no le dieran demasiado importancia o no quisieran privarte de escuchar otras voces, otros sonidos. Los silencios también son interesantes. Hay quien deja espacios sonoros entre frases, como esperando que el eco devuelva esas palabras o dejándote escuchar el sonido del aire que inspira y expira por si te interesa o dándote la oportunidad para que juegues a adivinar las palabras que seguirán la conversa. Siempre hay quien no sabe apreciarlo y te exhorta a que hables más alto porque no te oye o piensa que eres un muermo y lo opuesto al café como decían los Lucksmiths. Pero no hay por qué cambiar, siempre se encuentra quien sí quiere o le apetece escuchar lo que piensas o tus sentimientos. A mí me gusta esa intimidad, esa desnudez entre interlocutores tan especial, por eso no podría vivir en un sitio donde la gente está acostumbrada a chillar o hablar alto. Y Chicago, Illinois, no parece a priori un lugar donde la gente pueda hablar sosegadamente, tomando el silencio a sorbitos. Sin embargo, creo que por lo menos hay una chica llamada Kristine que seguro es de esa clase de personas. Ella hace muchas cosas y de vez en cuando, mientras está hirviendo pasta o esperando a que su gato baje del árbol, pues compone preciosas canciones con su guitarra, sus organillos y su caja de ritmos programada para repetir todo el rato la intro de “Be my baby” de The Ronettes. Como debe estar un poco cansada de que la riñan por hablar pausadamente pues también le gusta hacer un poco de ruido con su guitarra para que vean que tiene carácter. Por ahora no le hace nadie demasiado caso pero ya se andará. Además unos amigos le pidieron que se juntara con ellos para formar un grupo llamado The Lorimer Sound y ella encantada. Y nosotros aún más, claro.

Tiny Microphone – You disappear

Tiny Microphone – Home


Agosto 15, 2008. Uncategorized. No hay comentarios.

Convulsión y engaño


La beauté sera CONVULSIVE ou ne sera pas.

André Breton


Nunca apago el móvil por la noche. No puedo estar pendiente de acordarme que no debo olvidar desconectar el teléfono durante la noche porque… pues porque puede ocurrir… pero nunca ocurre… pero podría darse el caso que alguien llamara a esas horas… pero si llama tan tarde será porque es algo urgente y entonces quizás le pueda yo servir de ayuda… Total, que nunca recuerdo que debo apagar el móvil. Por cierto, ahora que lo pienso, tampoco tengo ni idea de cómo se hace eso. Es que es coreano. Estamos a sábado, es oscuro porque tengo las persianas cerradas y los ojos también, pero en realidad son las 11 de la mañana. No he podido dormir en toda la noche porque mis vecinos han montado un guateque y no me he atrevido a llamar a la guardia urbana. Resulta que una vez vinieron los de la luz y los pobres tuvieron que saltar por la ventana de detrás ya que debían no sé cuantos meses. No me gustaría ser responsable de ningún accidente desgraciado, así que me aguanto. Sueño que estoy en Vietnam durante la guerra, yo pertenezco al Vietcong y ellos son los yankees. No es muy placentero que digamos y cuando suena la melodía del móvil -muy triste por cierto- pienso que es una emboscada. Pero no, es Mónica. Qué sorpresa, qué querrá. Es la primera vez que me llama. Claro que no hace ni una semana que ha nacido. Es que Mónica, en realidad no se llama Mónica, se llama “lu í” en chino -me disculparán pero aún desconozco como se escribe- y antes se hacía llamar L. de Luna. Cambió de lugar de trabajo y en su profesión eso implica a veces que te debas cambiar de nombre y me pidió que le buscara uno. Yo pensé unos cuantos pero o bien no le gustaban o bien le costaban pronunciar, porque ella no habla muy bien el español. Al final nos decidimos por Mónica. En realidad, le gustó porque en francés fonéticamente tan solo tiene dos sílabas y le era fácil de decir pero creo que se ha decidido por su versión en castellano. Sinceramente creo que el nombre le siente bien, más que nada porque tiene el pelo color azabache. Pues Monique o Mónica estaba muy preocupada porque el cielo estaba “nube, nubllllllllllaaaado” y no brillaba el Sol. Yo le digo que no puede ser, que estamos en verano y que seguro que hace buen tiempo. Me dice que no y me pregunta si estaba durmiendo. Yo le contesto que estaba preparando el desayuno y que no he tenido tiempo de fijarme en el tiempo. Insiste que está nublado, pero y a mí qué me importa. No se lo digo, claro. Miro por la ventana de la cocina y efectivamente el cielo está cubierto de cirros y el Sol intenta serpentear entre ellos. Realmente no parece que sea un día de verano.

Resulta que quiere ir a la playa porque aunque esa semana ha tenido fiesta sus tíos no la han llevado. Hoy es el día clave y el tiempo no acompaña. Le digo que según el pronóstico de la BBC no hay probabilidad alguna que se escape ninguna gota y que no va a llover. No está convencida de ello. Insisto, como si yo fuera el señor Montesdeoca -difícil porque no tengo acento canario- o el señor Maldonado -aún más difícil porque no llevo dentadura postiza- y le digo que rotundamente y solemnemente “no va a llover”. Si hace falta voy a comunicarme con los del Instituto Metereológico Nacional o con cualquier organización radical de campesinos y lanzaremos cohetes a las nubes hasta triturarlas. Parece que eso la tranquiliza. Me cuenta que tienen previsto ir a la playa su tío, su primito, su hermanito y ella y que si quiero venir. En tres centésimas y media de segundo tengo puesto el bañador ajustado matador, las gafas de sol -más que nada por las ojeras- y las chancletas. Dónde quedamos. Delante del Casino a la una del mediodía. Ah vale, mientras me afeitaré, me tomaré un baño exfoliante, luego me perfumaré con lavanda, me pondré crema de protección solar en la espalda, decidiré qué camisa me pongo y si me sobra tiempo llamaré a mi madre. Al final no me sobra ni una centimilésima de microsegundo. Lo siento mamá. A la una y cinco minutos estoy en el lugar exacto. Mónica no está. La llamo y me cuenta que se retrasará unos cuarenta minutos, que está en el metro. Llevaba razón Boris Vian, las chicas interesantes siempre le hacen esperar a uno. Qué remedio, iré tomando posición en la playa y contemplaré el ir y venir de las libélulas. Los cuarenta minutos se convierten en cincuenta, sesenta y hasta setenta. Suena el teléfono “¿pero dónde estás?”, está alterada, algo histérica incluso. Estoy en la playa en frente del Casino, al lado de unos cubos de basura, un vigilante de la playa y una pareja de siliconadas. No me entiende. “¿Pero dónde estás?”. Se lo explico en inglés. No me comprende, no me extraña porque no lo entiendo ni yo. Inciso: para no cansar al lector apresurado me ahorraré las decenas de veces que tuve que repetir los detalles de mi ubicación en las dos dimensiones del espacio. Finalmente escucho una voz de hombre que me pregunta dónde estoy. Será el tío. Tiene un acento más que correcto, me sorprende. Me dice “la chica te esperará en el paseo en frente del Hospital”. Ah, perfecto. Así si me desmayo o me da un patatús pues no será necesario llamar ninguna ambulancia. Mis sospechas se cumplen y la chica no está en el lugar acordado. La llamo y sigue alterada, pero es que va a romper a llorar, maldita sea. Al final veo a una chica en frente, en la playa, pegada a un celular, como si la estuviera persiguiendo un cangrejo ermitaño. Vale, es ella. Menos mal. Atención: momento sentimental, los varones no hace falta que lean los detalles. Va, ¿sabes qué? Que me los reservo para mí y punto. Sonríe, sonríe mucho. Le cuento que estábamos bastante cerca pero unos cretinos se propusieron separarnos. La acompaño. Lleva unos sostenes muy monos con estampado rosa como de mantel de picnic y volantes blancos por encima y también unos pantaloncitos. Está un poco pálida de cara, serán esos polvos que se ponen las orientales y las siniestras. Llegamos hasta donde están sus familiares y me pide que no coloque mi toalla junto a la suya, así que la dejo dos casillas hacia atrás y una hacia la izquierda, siempre mirando al mar. Me presenta a su primo y a su hermano. Su tío mira si están a punto de desembarcar los japoneses, parece preocupado, no me extraña. Me pongo a jugar un rato con su primo que es el que parece más extrovertido y luego me siento en mi toalla apoyado en los brazos y con la pierna izquierda recogida. A través de mis gafas de sol la contemplo extasiado. Parece tan feliz y tan niña junto a los pequeños. Siempre que puede, no pierde ocasión de comprobar que no me he marchado. Su mirada es muy dulce, como sus labios. Con vergüenza se baja los pantaloncitos y quita primero una pierna y luego la otra con una rapidez asombrosa, como si estuviera sobre unas brasas. Las braguitas son como la parte de arriba del bikini. Entonces viene corriendo hacia donde yo estoy y se para a unos escasos 70 centímetros para que la vea. Está radiante, como una novia momentos antes de entrar en la Iglesia. Tan solo me atrevo a decirle “¡Bien!” pero ella entiende todo lo que no soy capaz de expresar. Regresa otra vez corriendo, coge su toalla del bazar de los chinos y vuelve de nuevo para dejarla a mi lado. Se estira y me mira a los ojos escasos segundos. No se ha extendido bien el rimmel pero esto en vez de quitarle encanto la hace más atrayente. Me excita y tengo ganas de hacerlo allí mismo. Una señora francesa y su hija nos vigilan como lechuzas. Miro a la hija y me sonríe, su madre no se da cuenta. Es jovencita y lleva los labios pintados del color del pétalo de la flor de adelfa cerrada, parece una puta. Mónica me pregunta por qué hay chicas que no llevan sostén y me cuenta que sus senos son chiquitos en comparación con los de ellas. Lo sé y la consuelo diciéndole que a mí me gustan más los suyos. Me quito las gafas de sol y la miro fijamente a los ojos y nerviosa como siempre me pregunta “¿qué miras?” con su simpático acento. Ella hace lo mismo y logro atraparla con la mirada, parece que no pase el tiempo. El lunes ya romperemos el hechizo.


Louis Philippe – Cecily


Agosto 11, 2008. Uncategorized. 5 comentarios.

Look at me with starry eyes



Miraba un día hacia el Este con lágrimas en los ojos.

No podía ya ver la cumbre nevada del Monte Fuji

ni las nubes con forma de seta en los atolones.

Ya no se escuchaba el arrullo de las palomas multicolores

ni el grito aterrador de los caníbales en guerra.

Desesperado cerré los ojos y miré al Norte.

Entonces fue cuando apareciste Tú.


Agosto 8, 2008. Uncategorized. 1 comentario.

No he dicho todo lo que quería decir pero sí he dicho más de lo que debía

Hoy me he levantado con una ligera resaca. El motivo se podría deber a que ayer noche quedé con una amiga mía que podríamos llamar Andrea, básicamente porque este es en realidad su nombre, que aunque nació en Lleida ha pasado gran parte de su vida entre Madrid y Leeds. Este dato creo que no es anecdótico y por eso se lo cuento. Andrea es la chica que en el anterior post les explicaba que no sabía si invitar a tomar algo, así que ahora ya conocen el final de la historia, bueno en realidad no del todo pero tengan paciencia. Resulta que Andrea ya se tomó unos días de vacaciones y por tanto este mes caluroso lo va a pasar en Barcelona, como yo vaya. Entonces decidimos celebrarlo como es debido. Quedamos a las 8:30 de la tarde en una plaza que tiene muchas acacias y skater boys y allí estaba yo contemplando las skater girls cuando apareció ella, por detrás, como ya esperaba. Lo que me sorprendió es que llevara unos pantaloncitos cuando ella normalmente suele llevar unos tejanos ajustados como las modernas. Además escogió un vestido azul cobalto con unos botoncitos en el cuello muy favorecedor. Andrea se fija mucho en la expresividad corporal de las personas y viéndola a ella es fácil entender por qué y es que su cuerpo expresa tanto como las palabras que pronuncia. La verdad es que no sé explicarlo muy bien porque no conozco a nadie más que me transmita esa sensación. Después de saludarnos al modo occidental, es decir, juntando las mejillas -ella es de las que se pone colorete- y decir cuatro tonterías a modo de introducción, fuimos a un bar arty cuya decoración la forman varios libreros de madera con sus respectivos libros, en el cual preparan unos cócteles muy ricos. Yo estaba preocupado porque temía que mi sitio favorito estuviera ocupado –en realidad lo estaba porque antes que llegara Andrea fui rápidamente a echar un vistazo al bar y vi que estaban sentados unos muchachos- pero cuando llegamos milagrosamente no había nadie -funcionaron mis cucarachas de plástico jeje- en el sofá que me gusta. Nos pusimos cómodos y Andrea me contó que había estado en un festival de Berlín de música tecno y sus impresiones de la actuación de ese grupo que revolucionó el mundo de la industria discográfica colgando su último disco para que se lo bajaran sus fans gratis o pagando lo que creyeran oportuno -en ficheros de mala calidad- y después lo volvieron a poner a la venta en formato vinilo y cd para que sus queridos fans se lo tuvieran que comprar de nuevo. Ella que es muy inteligente y moderadamente escéptica, me explicó que los festivales de aquí son un robo y una auténtica tomadura de pelo -con lo cual estoy parcialmente en desacuerdo- y que en el extranjero cuidan al público mucho más y uno no tiene la sensación de ser un borrego. También estaba molesta con los asistentes al concierto de ese grupo que hace canciones llenas de optimismo porque le parecieron muy maleducados. Yo le dije que qué podía esperar de gente que toma tan en serio a Kafka y a Lars Von Trier y que escuchan música así. Ella me preguntó por qué no me gusta la música triste y deprimente, tema que creo haber discutido con ella varias veces, y el motivo es que en mi opinión esas canciones no sirven de nada si no tienen un poco de esperanza, ni que sea al modo Dickensiano. La gente joven se identifica con los artistas y sobretodo con las letras y si se toman en serio que son unos inadaptados y una mierda pues terminarán por coger un rifle y cargarse a sus compañeros que les hacen la vida imposible. Me parece, vaya. Entonces Andrea me pidió que le cantara una canción triste pero que a la vez fuera esperanzadora. Fácil, pensé. Magnetic Fields, primer disco, 100.000 Fireflies. Una de mis favoritas y que contiene el trozo de letra que más me gusta de todas las canciones pop y que dice así: “You won’t be happy with me / But give me one more chance / You won’t be happy anyway”. Iba a entonarla con voz de tenor como Stephen Merritt pero temiendo por los daños colaterales en sus oídos opté por recitársela. Sobre los festivales le comenté que en mi opinión las promotoras se están comportando como si fueran presidentes de clubs de futbol y que hay una guerra para contratar a determinados grupos que al final se traduce en unos precios elevadísimos para los salarios de la gente joven -por eso están llenos de guiris-, con el agravante que obligan a firmar a los grupos cláusulas que les impiden tocar en ningún otro escenario español durante ese año. Conclusión, que si quieres ver a determinado grupo pues tienes que pagar 100 euros o más o te fastidias. Vaya, una estafa en toda regla. Además le expliqué que para mí los más inmorales y la auténtica peste son la gente de la promotora Sinnamon que organizan el Summercase, el Wintercase, el Daydream, el Creamfields y algún otro. Después pasamos a hablar de psiquiatras y de cómo cada vez más la gente va hasta el culo de ansiolíticos, antidepresivos y demás productos para el enriquecimiento de las farmacéuticas de turno. Nos contamos nuestras experiencias con ese sector de la Medicina y me alegré que Andrea también sea anti-psiquiatría y deteste a esos tipos. Creo que Breton y Artaud estarían orgullosos de nosotros, ¡bien!

Cuando el calor se hizo insoportable, salimos y fuimos a cenar. En principio, debía llevarla a un restaurante que me gusta especialmente pero nos perdimos agradablemente y finalmente terminamos en uno que se encuentra detrás del Mercat de la Boqueria. También tuvimos suerte y nos pudimos sentar en un lugar tranquilo en el que soplaba una agradable brisa que jugaba a despeinar el pelo de Andrea. Como no teníamos demasiada hambre nos pedimos primero una botella de Pinot Chardonnay y entre copa y copa pasamos del tema del excesivo control de las autoridades sobre el ciudadano –quizás en parte debido a que había estado en una librería anarquista esa misma tarde- y los estúpidos nacionalismos, al tema que realmente interesaba a Andrea y que es ni más ni menos que mis descalabros sentimentales. Creo que no llegamos a ninguna conclusión después de casi dos horas, la botella de vino blanco estaba vacía, el restaurante también y hasta habían apagado las luces, y Andrea no entendía nada de nada y yo menos, que soy varón. Como a todas las chicas les gusta poner a los chicos en situaciones difíciles para ver cómo reaccionan, Andrea me llevó después de comer a un garito de rockeros de los de verdad. Allí continué con mi sinfonía pasional-amorosa en re mayor, en parte porque ella es prácticamente un misterio y nunca cuenta nada. Bueno, algo me explicó pero no esperen que les de ningún detalle, deberán esperar a cuando se publique mi autobiografía no autorizada en Barnes & Noble. Y entre Gin Fizz y no-sé-qué-con-vodka-que-se-pidió-Andrea, ella encontró algunas pistas que juntó como piezas de un puzzle hasta concluir que un servidor es bobo, más que bobo… bueno, tampoco nos pasemos eh señorita funcionaria. Después lo arregló un poco y sostuvo que debo lograr que una muchacha se sienta la más bella y deseada por mí, que debo evitar que ella crea que no encaja en mi ideal estético femenino y que tengo que hacerle entender que el negro es la ausencia de color y para nada es elegante, más bien síntoma de inseguridad. En esto último no puedo estar más de acuerdo, hasta soy partidario de los calcetines blancos en un hombre… De hecho, la palabra inseguridad la pronunció Andrea varias veces, ella cree que una chica joven es básicamente insegura y un hombre debe contrarrestar este sentimiento halagándola hasta decir basta. Yo le conté que mi madre piensa que el problema soy yo, con mi ímpetu y mi desaforado e hiperbólico apasionamiento romántico-pasado-de-moda. Según ella, cuando era una adolescente tuvo varios pretendientes con buena posición social, motocicleta, pick-up y casa en Santander, a los cuales no tuvo más remedio que mandar a freír espárragos porque no la dejaban respirar y la atosigaban continuamente. Andrea no lo consideró un inconveniente siempre y cuando el hombre acuda a mujeres públicas como hacía el joven Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg. Yo a esas alturas ya no sabía cuál de las 62 posturas para sostener la cabeza con una sola mano según Lichtenberg adoptar. Además la concentración de alcohol en la sangre empezaba a jugar al cricket con mis eritrocitos y mi mirada empezaba a perderse entre la sonrisa de la camarera que me recordaba a una Mariel Hemingway jovencita y de pelo castaño. Además Andrea no paraba de cruzar las piernas como si fueran los brazos de la diosa Maa Durga y cada vez me sentía más mareado. Al final, ella pronunció la temida frase que inevitablemente debía salir a la luz: “Cesc, has de portar la iniciativa. Dir-li que demà et presentaràs davant la seva porta y no marxaràs fins que els teus ulls s´acaronin amb els seus”. Vale, y después la maniato y me la llevo de vacaciones a Venecia. Creo que es una idea genial, le dije. Al igual que en el restaurante, nos dieron unos vasos de plástico y nos echaron. Se terminó el sarao y para casita. Yo a la mía, a una hora a pie y dando tumbos, y ella a la suya, a escasos diez minutos a pie. No vayan a pensar mal. Al llegar a casa me quité mis zapatillas azul marino oscuro sin cordones, mi jersey de rallas rojas y blancas, los pantalones blancos de pinza, mis calcetines de algodón también blancos y mis calzoncillos con dianas mod, me estiré en la cama y entoné la canción de los Magnetic Fields como en la versión de Superchunk. C´est la vie.

Superchunk – 100,000 Fireflies


Agosto 6, 2008. Uncategorized. 14 comentarios.

Nunca estaré preparado para el Verano

Hoy inauguré oficialmente mis vacaciones de verano. Por la mañana he estado molestando a los hippies de mis vecinos con canciones ye-yé, música surf y punk-pop californiano. Como me he propuesto comer bien, cosas sanas y desoxidantes, refrescantes y revitalizantes, he decidido almorzar fuera de casa. La camarera me ha comentado que parecía cansado y yo le iba a responder que sus ojeras y sus patas de gallo eran accidentes geográficos bien interesantes aunque yo no era geólogo pero al final le he contestado que duermo mal y el Doctor no me quiere recetar morfina. Como he comido solo, me he dedicado a contemplar la televisión a ratos mientras meditaba si le proponía a una amiga ir a tomar unos martinis esta semana. Y me he dado cuenta que la tele sigue siendo la misma basura de siempre pero con los presentadores y demás personajes televisivos ostentosamente avejentados, ellas anunciando cosméticos milagrosos y ellos productos para evitar la caída del cabello. Realmente vomitivo, suerte que el vino que tienen en el restaurante es notable. Después iba a ir a la playa pero he preferido consumir e ir de rebajas. Es que lo de las olas y la arena me gusta probarlo en dosis moderadas porque últimamente hay muchas extranjeras ligeras de ropa que se empeñan en plantar su sombrilla justo a mi lado y se ponen a hablar en idiomas teutónicos bien molestos y no me dejan leer. Además no sé qué les pasa que van llenas de parches por todo el cuerpo como si fueran muñecas rotas, un día de estos voy a preguntarles el motivo… Y eso, que he ido de compras a unos grandes almacenes cuyas dependientas se forman cerca de mi trabajo. Un día al salir del metro me encontré con una, de los suburbios y de muy buen ver y cintura de avispa, que parecía un poco perdida y como nadie se disponía a ayudarla pues hice lo propio. La pobre llevaba unos tacones que ni nuestra princesa y estuvo a punto de caerse y romperse el cuello más de una vez, suerte que la sostuve cortésmente -sin aprovecharme en ningún momento, que yo he hecho la Confirmación- y también llené el incómodo vacío con mis teorías sobre la arquitectura postmoderna que abunda en mi ciudad, lo cual pareció de su agrado. Después de lo grandes almacenes, he ido a la zapatería más antigua y elitista de mi ciudad, que tiene lámparas de araña y unos chaise-longues bien cómodos, y he estado a punto de comprarme unos zapatos azul marino acabados en punta y hechos a mano pero mi asesor financiero me lo ha desaconsejado. De todos modos, creo que voy a despedirlo. Me he reído mucho porque la clientela era bien curiosa. Había desde japoneses ultraconsumistas hasta señores adinerados con su esposa que se enfadaban porque les hacían esperar demasiado, pasando por niños burgueses catalanes con su mamá comprando esparteñas de color naranja, parejas de homosexuales probándose mocasines y algún señor negro preguntando por zapatos blancos. De fondo, sonaban los Beatles, en mi ipod Orange Cake Mix.


Orange Cake Mix – Mellow Sun


Agosto 4, 2008. Uncategorized. 1 comentario.