Nunca estaré preparado para el Verano

Hoy inauguré oficialmente mis vacaciones de verano. Por la mañana he estado molestando a los hippies de mis vecinos con canciones ye-yé, música surf y punk-pop californiano. Como me he propuesto comer bien, cosas sanas y desoxidantes, refrescantes y revitalizantes, he decidido almorzar fuera de casa. La camarera me ha comentado que parecía cansado y yo le iba a responder que sus ojeras y sus patas de gallo eran accidentes geográficos bien interesantes aunque yo no era geólogo pero al final le he contestado que duermo mal y el Doctor no me quiere recetar morfina. Como he comido solo, me he dedicado a contemplar la televisión a ratos mientras meditaba si le proponía a una amiga ir a tomar unos martinis esta semana. Y me he dado cuenta que la tele sigue siendo la misma basura de siempre pero con los presentadores y demás personajes televisivos ostentosamente avejentados, ellas anunciando cosméticos milagrosos y ellos productos para evitar la caída del cabello. Realmente vomitivo, suerte que el vino que tienen en el restaurante es notable. Después iba a ir a la playa pero he preferido consumir e ir de rebajas. Es que lo de las olas y la arena me gusta probarlo en dosis moderadas porque últimamente hay muchas extranjeras ligeras de ropa que se empeñan en plantar su sombrilla justo a mi lado y se ponen a hablar en idiomas teutónicos bien molestos y no me dejan leer. Además no sé qué les pasa que van llenas de parches por todo el cuerpo como si fueran muñecas rotas, un día de estos voy a preguntarles el motivo… Y eso, que he ido de compras a unos grandes almacenes cuyas dependientas se forman cerca de mi trabajo. Un día al salir del metro me encontré con una, de los suburbios y de muy buen ver y cintura de avispa, que parecía un poco perdida y como nadie se disponía a ayudarla pues hice lo propio. La pobre llevaba unos tacones que ni nuestra princesa y estuvo a punto de caerse y romperse el cuello más de una vez, suerte que la sostuve cortésmente -sin aprovecharme en ningún momento, que yo he hecho la Confirmación- y también llené el incómodo vacío con mis teorías sobre la arquitectura postmoderna que abunda en mi ciudad, lo cual pareció de su agrado. Después de lo grandes almacenes, he ido a la zapatería más antigua y elitista de mi ciudad, que tiene lámparas de araña y unos chaise-longues bien cómodos, y he estado a punto de comprarme unos zapatos azul marino acabados en punta y hechos a mano pero mi asesor financiero me lo ha desaconsejado. De todos modos, creo que voy a despedirlo. Me he reído mucho porque la clientela era bien curiosa. Había desde japoneses ultraconsumistas hasta señores adinerados con su esposa que se enfadaban porque les hacían esperar demasiado, pasando por niños burgueses catalanes con su mamá comprando esparteñas de color naranja, parejas de homosexuales probándose mocasines y algún señor negro preguntando por zapatos blancos. De fondo, sonaban los Beatles, en mi ipod Orange Cake Mix.
Cesc respondidos:
Hoy también me he reído un montón con este post del amigo Manuel Soleado y su blog 360º de Separación:
http://madridmusic.com/360grados/?p=174
Agosto 4, 2008 at 11:15 pm. Permalink.