Convulsión y engaño

La beauté sera CONVULSIVE ou ne sera pas.
André Breton
Nunca apago el móvil por la noche. No puedo estar pendiente de acordarme que no debo olvidar desconectar el teléfono durante la noche porque… pues porque puede ocurrir… pero nunca ocurre… pero podría darse el caso que alguien llamara a esas horas… pero si llama tan tarde será porque es algo urgente y entonces quizás le pueda yo servir de ayuda… Total, que nunca recuerdo que debo apagar el móvil. Por cierto, ahora que lo pienso, tampoco tengo ni idea de cómo se hace eso. Es que es coreano. Estamos a sábado, es oscuro porque tengo las persianas cerradas y los ojos también, pero en realidad son las 11 de la mañana. No he podido dormir en toda la noche porque mis vecinos han montado un guateque y no me he atrevido a llamar a la guardia urbana. Resulta que una vez vinieron los de la luz y los pobres tuvieron que saltar por la ventana de detrás ya que debían no sé cuantos meses. No me gustaría ser responsable de ningún accidente desgraciado, así que me aguanto. Sueño que estoy en Vietnam durante la guerra, yo pertenezco al Vietcong y ellos son los yankees. No es muy placentero que digamos y cuando suena la melodía del móvil -muy triste por cierto- pienso que es una emboscada. Pero no, es Mónica. Qué sorpresa, qué querrá. Es la primera vez que me llama. Claro que no hace ni una semana que ha nacido. Es que Mónica, en realidad no se llama Mónica, se llama “lu í” en chino -me disculparán pero aún desconozco como se escribe- y antes se hacía llamar L. de Luna. Cambió de lugar de trabajo y en su profesión eso implica a veces que te debas cambiar de nombre y me pidió que le buscara uno. Yo pensé unos cuantos pero o bien no le gustaban o bien le costaban pronunciar, porque ella no habla muy bien el español. Al final nos decidimos por Mónica. En realidad, le gustó porque en francés fonéticamente tan solo tiene dos sílabas y le era fácil de decir pero creo que se ha decidido por su versión en castellano. Sinceramente creo que el nombre le siente bien, más que nada porque tiene el pelo color azabache. Pues Monique o Mónica estaba muy preocupada porque el cielo estaba “nube, nubllllllllllaaaado” y no brillaba el Sol. Yo le digo que no puede ser, que estamos en verano y que seguro que hace buen tiempo. Me dice que no y me pregunta si estaba durmiendo. Yo le contesto que estaba preparando el desayuno y que no he tenido tiempo de fijarme en el tiempo. Insiste que está nublado, pero y a mí qué me importa. No se lo digo, claro. Miro por la ventana de la cocina y efectivamente el cielo está cubierto de cirros y el Sol intenta serpentear entre ellos. Realmente no parece que sea un día de verano.

Resulta que quiere ir a la playa porque aunque esa semana ha tenido fiesta sus tíos no la han llevado. Hoy es el día clave y el tiempo no acompaña. Le digo que según el pronóstico de la BBC no hay probabilidad alguna que se escape ninguna gota y que no va a llover. No está convencida de ello. Insisto, como si yo fuera el señor Montesdeoca -difícil porque no tengo acento canario- o el señor Maldonado -aún más difícil porque no llevo dentadura postiza- y le digo que rotundamente y solemnemente “no va a llover”. Si hace falta voy a comunicarme con los del Instituto Metereológico Nacional o con cualquier organización radical de campesinos y lanzaremos cohetes a las nubes hasta triturarlas. Parece que eso la tranquiliza. Me cuenta que tienen previsto ir a la playa su tío, su primito, su hermanito y ella y que si quiero venir. En tres centésimas y media de segundo tengo puesto el bañador ajustado matador, las gafas de sol -más que nada por las ojeras- y las chancletas. Dónde quedamos. Delante del Casino a la una del mediodía. Ah vale, mientras me afeitaré, me tomaré un baño exfoliante, luego me perfumaré con lavanda, me pondré crema de protección solar en la espalda, decidiré qué camisa me pongo y si me sobra tiempo llamaré a mi madre. Al final no me sobra ni una centimilésima de microsegundo. Lo siento mamá. A la una y cinco minutos estoy en el lugar exacto. Mónica no está. La llamo y me cuenta que se retrasará unos cuarenta minutos, que está en el metro. Llevaba razón Boris Vian, las chicas interesantes siempre le hacen esperar a uno. Qué remedio, iré tomando posición en la playa y contemplaré el ir y venir de las libélulas. Los cuarenta minutos se convierten en cincuenta, sesenta y hasta setenta. Suena el teléfono “¿pero dónde estás?”, está alterada, algo histérica incluso. Estoy en la playa en frente del Casino, al lado de unos cubos de basura, un vigilante de la playa y una pareja de siliconadas. No me entiende. “¿Pero dónde estás?”. Se lo explico en inglés. No me comprende, no me extraña porque no lo entiendo ni yo. Inciso: para no cansar al lector apresurado me ahorraré las decenas de veces que tuve que repetir los detalles de mi ubicación en las dos dimensiones del espacio. Finalmente escucho una voz de hombre que me pregunta dónde estoy. Será el tío. Tiene un acento más que correcto, me sorprende. Me dice “la chica te esperará en el paseo en frente del Hospital”. Ah, perfecto. Así si me desmayo o me da un patatús pues no será necesario llamar ninguna ambulancia. Mis sospechas se cumplen y la chica no está en el lugar acordado. La llamo y sigue alterada, pero es que va a romper a llorar, maldita sea. Al final veo a una chica en frente, en la playa, pegada a un celular, como si la estuviera persiguiendo un cangrejo ermitaño. Vale, es ella. Menos mal. Atención: momento sentimental, los varones no hace falta que lean los detalles. Va, ¿sabes qué? Que me los reservo para mí y punto. Sonríe, sonríe mucho. Le cuento que estábamos bastante cerca pero unos cretinos se propusieron separarnos. La acompaño. Lleva unos sostenes muy monos con estampado rosa como de mantel de picnic y volantes blancos por encima y también unos pantaloncitos. Está un poco pálida de cara, serán esos polvos que se ponen las orientales y las siniestras. Llegamos hasta donde están sus familiares y me pide que no coloque mi toalla junto a la suya, así que la dejo dos casillas hacia atrás y una hacia la izquierda, siempre mirando al mar. Me presenta a su primo y a su hermano. Su tío mira si están a punto de desembarcar los japoneses, parece preocupado, no me extraña. Me pongo a jugar un rato con su primo que es el que parece más extrovertido y luego me siento en mi toalla apoyado en los brazos y con la pierna izquierda recogida. A través de mis gafas de sol la contemplo extasiado. Parece tan feliz y tan niña junto a los pequeños. Siempre que puede, no pierde ocasión de comprobar que no me he marchado. Su mirada es muy dulce, como sus labios. Con vergüenza se baja los pantaloncitos y quita primero una pierna y luego la otra con una rapidez asombrosa, como si estuviera sobre unas brasas. Las braguitas son como la parte de arriba del bikini. Entonces viene corriendo hacia donde yo estoy y se para a unos escasos 70 centímetros para que la vea. Está radiante, como una novia momentos antes de entrar en la Iglesia. Tan solo me atrevo a decirle “¡Bien!” pero ella entiende todo lo que no soy capaz de expresar. Regresa otra vez corriendo, coge su toalla del bazar de los chinos y vuelve de nuevo para dejarla a mi lado. Se estira y me mira a los ojos escasos segundos. No se ha extendido bien el rimmel pero esto en vez de quitarle encanto la hace más atrayente. Me excita y tengo ganas de hacerlo allí mismo. Una señora francesa y su hija nos vigilan como lechuzas. Miro a la hija y me sonríe, su madre no se da cuenta. Es jovencita y lleva los labios pintados del color del pétalo de la flor de adelfa cerrada, parece una puta. Mónica me pregunta por qué hay chicas que no llevan sostén y me cuenta que sus senos son chiquitos en comparación con los de ellas. Lo sé y la consuelo diciéndole que a mí me gustan más los suyos. Me quito las gafas de sol y la miro fijamente a los ojos y nerviosa como siempre me pregunta “¿qué miras?” con su simpático acento. Ella hace lo mismo y logro atraparla con la mirada, parece que no pase el tiempo. El lunes ya romperemos el hechizo.
Cesc respondidos:
¿Cuántos artistas en la actualidad pueden emular a Cole Porter, George Gershwin, Burt Bacharach, Barry & Greenwich, Goffin & King, Van Dyke Parks, Brian Wilson, Paul McCartney, Randy Newman, Jacques Brel, Scott Walker, John Barry y no morir en el intento? Ay, qué estúpida es la crítica y la industria musical…
¿Sabes Louis? Me acabo de dar cuenta que eres el artista que ha ilustrado musicalmente más posts en el blog… “Keep the faith, my friend!!!”.
Agosto 11, 2008 at 10:23 pm. Permalink.
Helena respondidos:
Jo, Jean Vigo es un halago enorme…
Demasiado diría yo.. ;)
Agosto 13, 2008 at 2:46 pm. Permalink.
Cesc respondidos:
Yo es que de fotografía soy un ignorante total, el cine me es mucho más próximo y concretamente Jean Vigo significa para mí la libertad -no en vano era hijo de un anarquista-, la ingenuidad, la fantasía dentro de la propia realidad… y muchas de tus fotografías me transmiten exactamente ese sentimiento. Por eso te lo comenté… Además le encuentro ese símil con las portadas de los discos de Would-be-Goods en Él Records, sello discográfico que cuidaba muchísimo el diseño y la imagen de sus portadas. En resumen, que me resulta todo extrañamente sobrecogedor y enigmático.
Un abrazo.
Agosto 14, 2008 at 1:48 am. Permalink.
Helena respondidos:
Mi flickr está en el blog, creo
http://www.flickr/photos/helenalamelena
Devendra tiene algunas canciones bonitas aunque si lo escuchas mucho se hace pesado..
Esta es muy divertida! rollo Bollywood total hahaha
Puedes apropiarte de mis fotos pero me gustaría que pusieras un enlace a mi blog o flickr :)
Bueno, un beso y buenas noches que es tarde!
Agosto 14, 2008 at 2:34 am. Permalink.
Cesc respondidos:
Claro que pondré tu nombre y enlaces, faltaría más :)
Bisou.
Agosto 14, 2008 at 2:54 am. Permalink.